“Descansará sobre ellos su paz”
(Lc 10, 1-12. 17-20)

Cada ser humano que es llamado a la vida, viene al mundo con una misión particular. Hoy Lucas en su Evangelio nos deja claro que el Señor no solo eligió a los doce apóstoles, sino que designo otros setenta y dos para enviarlos a preparar el ambiente donde Él iría después. Diciéndoles: “La mies es abundante y los obreros pocos; rueguen, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”. Porque como creyentes todos estamos llamados a trabajar en la extensión del Reino de Dios. ¡Pónganse en camino! Así, no solo los envía, sino que les da instrucciones claras para realizar la misión. Lo primero es ir ligeros de equipaje, llevar lo necesario, en una actitud de absoluta disponibilidad y apertura para escuchar la voz de Dios atentos a los Signos de los Tiempos. Cuando entren en una casa digan: “Paz a esta casa”. Con este saludo manifiestan que van de parte de Dios. Quédense en la casa donde los acojan, compartan con ellos, es también un llamado a la sencillez, a la humildad y al reconocimiento, pero si entran en una ciudad y no los reciben, saliendo a sus plazas, digan: ‘Hasta el polvo de su ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre ustedes. Es decir, liberarse de todo aquello que no responde al plan de Dios, ya que no debemos olvidar que seguir a Cristo, caminar con Él y comprometerse a trabajar en su viña, es estar dispuesto a llevar sobre los hombros la cruz, signo de salvación.

Reflexionemos:

Una característica fundamental del discipulado es el testimonio de la caridad y la vida fraterna. En la relación que establezco con mis hermanos ¿soy consciente de ello y reflejo en todo aquello que realizo el amor que Dios tiene por cada ser humano?

Oremos:

Aquí estoy Señor, envíame. Quiero ser instrumento de tu paz y de tu amor para sanar las heridas del mundo tan golpeado por el odio y el desamor. Cuento contigo para que tú cuentes conmigo. Amén.

Actuemos:

Cuidaré de mis sentimientos y emociones para ser feliz amando a Dios.

Recordemos:

“Sin embargo, no estén alegres porque se les someten los espíritus; estén alegres porque sus nombres están inscritos en el cielo”.

Profundicemos:

“Tanta debe ser la confianza que el predicador ha de tener en Dios que, aunque no tenga lo necesario para vivir, no debe fijarse siquiera en si esto le falta, no sea que, mientras se ocupa en las cosas de la tierra, no cuide del bien eterno de los demás”. (San Gregorio)

Libro Recomendado

Esperanza para todos

Saber más

Escucha La Palabra de Dios para cada día

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis 27, 1-5. 15-29

Cuando Isaac se hizo viejo y perdió la vista, llamó a su hijo mayor: “Hijo mío”. Le contestó: “Aquí estoy”. Él le dijo: “Mira, yo soy viejo y no sé cuándo moriré. Toma tus aparejos, arco y aljaba, y sal al campo a buscarme caza; después me preparas un guiso sabroso, como a mí me gusta, y me lo traes para que lo coma; pues quiero darte mi bendición antes de morir”. Rebeca escuchó la conversación de Isaac con Esaú, su hijo. Salió Esaú al campo a cazar para su padre. Rebeca tomó un traje de su hijo mayor Esaú, el mejor que tenía en casa, y vistió con él a Jacob, su hijo menor. Con la piel de los cabritos le cubrió los brazos y la parte lisa del cuello. Y puso en manos de su hijo Jacob el guiso sabroso que había preparado y el pan. Él entró en la habitación de su padre y dijo: “Padre”. Respondió Isaac: “Aquí estoy; ¿quién eres, hijo mío?”. Contestó Jacob a su padre: “Soy Esaú, tu primogénito; he hecho lo que me mandaste. Incorpórate, siéntate y come de mi caza; después podrás bendecirme”. Isaac dijo a su hijo: “¿Cómo la has podido encontrar tan pronto, hijo mío?”. Él respondió: “El Señor, tu Dios, me la puso al alcance”. Isaac dijo a Jacob: “Acércate que te palpe, hijo mío, a ver si eres tú mi hijo Esaú o no”. Se acercó Jacob a su padre Isaac, que lo palpó y dijo: “La voz es de Jacob, pero los brazos son de Esaú”. Y no lo reconoció porque sus brazos estaban peludos como los de su hermano Esaú. Así que le bendijo. Pero insistió: “¿Eres tú realmente mi hijo Esaú?”. Respondió Jacob: “Yo soy”. Isaac dijo: “Sírveme, hijo mío, que coma yo de tu caza; después te bendeciré”. Se la sirvió y él comió. Le trajo vino y bebió. Entonces le dijo su padre Isaac: “Acércate y bésame, hijo mío”. Se acercó y lo besó. Y, al oler el aroma del traje, le bendijo con estas palabras: “El aroma de mi hijo es como el aroma de un campo que bendijo el Señor. Que Dios te conceda el rocío del cielo, la fertilidad de la tierra, abundancia de trigo y de vino. Que te sirvan los pueblos, y se postren ante ti las naciones. Sé señor de tus hermanos, que ellos se postren ante ti. Maldito quien te maldiga, bendito quien te bendiga”.

L: Palabra de Dios

T: Te alabamos, Señor

Salmo responsorial 134, 1-6

R. Alaben al Señor porque es bueno.

Alaben el nombre del Señor, alábenlo, siervos del Señor, que están en la casa del Señor, en los atrios de la casa de nuestro Dios / R.
Alaben al Señor porque es bueno, tañan para su nombre, que es amable. Porque el Señor se escogió a Jacob, a Israel en posesión suya / R.
Yo sé que el Señor es grande, nuestro Dios más que todos los dioses. El Señor todo lo que quiere lo hace: en el cielo y en la tierra, en los mares y en los océanos / R

Aclamación antes del Evangelio (Jn 10, 27)

“Mis ovejas escuchan mi voz –dice el Señor–, y yo las conozco, y ellas me siguen”.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 14-17

“¿Es que pueden guardar luto mientras el esposo está con ellos?”

En aquel tiempo, los discípulos de Juan se acercaron a Jesús, preguntándole: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?”. Jesús les dijo: “¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque revientan los odres; se derrama el vino, y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan”.

S: Palabra de Dios

T: Gloria a ti, Señor Jesús

¿"Es que pueden guardar luto mientras el esposo está con ellos?”
(Mt 9, 14-17)

En Jesús encontramos el cumplimiento de la nueva Alianza, ya que en Él se nos comunica la plenitud del amor de Dios Padre para toda la humanidad. Mateo da continuidad a su relato del banquete, en el que muchos comensales están atentos a los signos externos, o mejor a lo que sucede a su alrededor, para criticar y se pierden de disfrutar de la presencia del Maestro. Es el caso de los discípulos de Juan que se acercan para preguntarle: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?” Es una actitud de hipocresía, porque se quedan en el cumplimiento de prácticas rituales, pero no van al fondo de aquello que significa realmente el ayuno; siendo éste un signo que nos ayuda a preparar el corazón para acoger la presencia del Señor. Y Jesús les dijo: “¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo mientras el esposo está con ellos? En esta metáfora de la boda, Jesús nos acerca al banquete eucarístico, donde Dios se sienta a la mesa con sus hijos comunicándonos la alegría de la salvación.

Reflexionemos:

“Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor”. Es importante que en la cotidianidad de nuestra vida saquemos un momento durante la jornada para realizar nuestro examen de conciencia, revisar si nuestras acciones corresponden al anhelo profundo de nuestro corazón y preguntarnos: ¿Cómo estoy? ¿Cómo percibí en este día la presencia de Dios?

Oremos:

Señor Jesús, tú que conoces mi corazón, concédeme el don de tu divino Espíritu, para saborear la vida y acoger serenamente todo cuanto de ti proviene. Amén.

Actuemos:

Hoy seré más libre, sin fijarme ni quedarme en comentarios superficiales, y me empeñaré en un camino de vida interior.

Recordemos:

“Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque revientan los odres; se derrama el vino, y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan”.

Profundicemos:

“El que ayuna como debe, se humilla en el gemido de las oraciones, o en la mortificación de su cuerpo, o se aleja de los atractivos de la carne con el placer de la sabiduría espiritual”. (Alfertson Cedano)

Libro Recomendado

Esperanza para todos

Saber más

Escucha La Palabra de Dios para cada día

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis 23, 1-4. 19; 24, 1-8. 62-67

Sara vivió ciento veintisiete años. Murió en Quiriat Arbá, o sea Hebrón, en la tierra de Canaán. Abrahán fue a hacer duelo por Sara y a llorarla. Después Abrahán dejó a su difunta y habló así a los hititas: “Yo soy un emigrante, residente entre ustedes. Denme un sepulcro en propiedad, entre ustedes, para enterrar a mi difunta”. Después Abrahán enterró a Sara, su mujer, en la cueva del campo de Macpela, frente a Mambré, o sea Hebrón, en la tierra de Canaán. Abrahán era anciano, de edad avanzada, y el Señor había bendecido a Abrahán en todo. Abrahán dijo al criado más viejo de su casa, que administraba todas las posesiones: “Pon tu mano bajo mi muslo, y júrame por el Señor, Dios del cielo y de la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo, de entre las hijas de los cananeos, en cuya tierra habito, sino que irás a mi tierra nativa a tomar mujer para mi hijo Isaac”. El criado contestó: “Y si la mujer no quiere venir conmigo a esta tierra, ¿tengo que llevar a tu hijo a la tierra de dónde saliste?”. Abrahán le replicó: “De ninguna manera lleves a mi hijo allá. El Señor Dios del cielo, que me sacó de la casa paterna y del país nativo, y que me juró: ‘A tu descendencia daré esta tierra’, enviará su ángel delante de ti, y traerás de allí mujer para mi hijo. Pero si la mujer no quiere venir contigo, quedas libre del juramento. Mas a mi hijo, no lo lleves allá”. Después de mucho tiempo, Isaac había vuelto del pozo de Lajay Roy. Por entonces habitaba en la región del Negueb. Una tarde, salió a pasear por el campo y, alzando la vista, vio acercarse unos camellos. También Rebeca alzó la vista y, al ver a Isaac, bajó del camello. Ella dijo al criado: “¿Quién es aquel hombre que viene por el campo en dirección a nosotros?”. Respondió el criado: “Es mi amo”. Entonces ella tomó el velo y se cubrió. El criado le contó a Isaac todo lo que había hecho. Isaac la condujo a la tienda de su madre Sara, la tomó por esposa y con su amor se consoló de la muerte de su madre.

L: Palabra de Dios

T: Te alabamos, Señor

Salmo responsorial 105, 1-5

R. Den gracias al Señor, porque es bueno.

Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ¿Quién podrá contar las hazañas de Dios, pregonar toda su alabanza? / R.
Dichosos los que respetan el derecho y practican siempre la justicia. Acuérdate de mí por amor a tu pueblo / R.
Visítame con tu salvación: para que vea la dicha de tus escogidos, y me alegre con la alegría de tu pueblo, y me gloríe con tu heredad / R.

Aclamación antes del Evangelio (Mt 11, 28)

“Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados –dice el Señor– y yo los aliviaré”.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 9-13

“No tienen necesidad de médico los sanos; misericordia quiero y no sacrificio”

En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió. Y estando en la casa sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: “¿Cómo es que su maestro come con publicanos y pecadores?”. Jesús lo oyó y dijo: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Vayan, aprendan lo que significa ‘misericordia quiero y no sacrificio’: que no he venido a llamar a justos sino a los pecadores”.

S: Palabra de Dios

T: Gloria a ti, Señor Jesús

“No tienen necesidad de médico los sanos; misericordia quiero y no sacrificio”
(Mt 9, 9-13)

El encuentro con la persona de Jesús transforma nuestra vida. Queridos amigos, hoy nos encontramos con un texto muy bello, en el que el mismo Mateo, narra la iniciativa que tuvo el Señor al llamarlo a su servicio. Nos dice que Jesús pasó y lo vio cuando él se encontraba sentado en el mostrador de los impuestos, ejerciendo su oficio de lo que hoy podríamos decir funcionario público, como un aduanero. Jesús posó su mirada y le dice: “Sígueme” Él se levantó y lo siguió. Cuál sería el gozo, la paz y alegría que Mateo experimentó, que no dudó en invitar a Jesús a su casa para compartir la mesa. Un gesto que podemos leer también como el signo de abrir el corazón y de hacer que ese momento único no se quede escondido, sino que lo participa al círculo de amigos del mismo gremio, que eran considerados publicanos y pecadores, para acercarlos a Jesús. En este ambiente ellos mismos critican a Jesús y se preguntan: “¿Cómo es que su maestro come con publicanos y pecadores?”. Jesús lo oyó y dijo: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos.

Reflexionemos:

Estar sentando en el mostrador de impuestos, es sentirse cómodo, feliz y realizado en una situación de pecado, dónde solo importa lo que a mí me genera bienestar y me olvido del vacío, perdida o dolor que estoy sembrando en los demás. Preguntémonos: ¿Cuál es esa situación de pecado de la que Jesús hoy me invita a liberarme y a transformar mis acciones?

Oremos:

Gracias, Señor, por posar tu mirada sobre mí, por permitirme experimentar tu misericordia infinita, por darme la posibilidad de ser mejor, de crecer en la fe, y sentir que no es mi pecado, sino tu bondad la que me permite ponerme en píe y seguirte. Amén.

Actuemos:

Hoy tendré un gesto de generosidad y desprendimiento compartiendo con alguien algo que para mí sea muy preciado.

Recordemos:

“Vayan, aprendan lo que significa ‘misericordia quiero y no sacrificio’: que no he venido a llamar a justos sino a los pecadores”.

Profundicemos:

“Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. La conversión de un solo publicano fue una muestra de penitencia y de perdón para muchos otros publicanos y pecadores”. (San Beda el Venerable)

Libro Recomendado

Esperanza para todos

Saber más

Escucha La Palabra de Dios para cada día

Primera Lectura

Lectura de la Carta del apóstol san Pablo a los Efesios 2, 19-22

Hermanos: Ya no son extranjeros ni forasteros, sino que son ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Están edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por Él también ustedes se van integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

L: Palabra de Dios

T: Te alabamos, Señor

Salmo responsorial 116, 1-2

R. Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio.

Alaben al Señor, todas las naciones, aclámenlo, todos los pueblos / R.

Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre / R.

Aclamación antes del Evangelio (Jn 20, 29)

Porque me has visto, Tomás, has creído –dice el Señor–. Dichosos los que creen sin haber visto.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 24-29

“¡Señor mío y Dios mío!”

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”. A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: “Paz a ustedes”. Luego dijo a Tomás: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”. Contestó Tomás: “¡Señor mío y Dios mío!”. Jesús le dijo: “¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto”.

S: Palabra de Dios

T: Gloria a ti, Señor Jesús

“¡Señor mío y Dios mío!”
(Jn 20, 24-29)

Queridos amigos, la Iglesia hoy nos permite celebrar la fiesta de Santo Tomás, el apóstol, que decididamente acompaña a Jesús en su camino a Judea, aun sabiendo que se encontraba en peligro de muerte, anima a sus compañeros diciendo: “Vamos nosotros también a morir con Él”. Tomás, llamado el Mellizo, también lo hemos etiquetado como el hombre de la incredulidad, porque dudó cuando los discípulos le contaron que habían visto al maestro, que se le había aparecido a la comunidad reunida comunicándoles el don de la paz, pero Tomás no estaba con ellos. Entonces dice: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”. Fuera de la comunidad, fuera de la Iglesia no se puede hacer la experiencia de encuentro con Jesús, porque la fe se vive, se comparte y se alimenta en el encuentro con la otra persona; por eso nos dice el evangelista que a los ocho días estaba la comunidad reunida y Tomás con ellos, cuando nuevamente se aparece Jesús en medio de ellos con un saludo paz y luego le dice: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”. Y Tomás hace la más bella confesión de fe: “¡Señor mío y Dios mío!” Reconociendo que Jesús es Dios, Señor y Maestro. Lo acoge, lo acepta y abre para nosotros esa experiencia de la fe auténtica que a lo largo de los siglos la Iglesia ha proclamado y transmitido a través de sus apóstoles y el compromiso cristiano.

Reflexionemos:

En las heridas abiertas de las manos y el costado de Cristo la humanidad entera sigue viviendo su propio dolor. Preguntémonos: ¿acudo con frecuencia a Dios para pedirle perdón por el pecado personal, social o comunitario confiando en su amor de Padre?

Oremos:

Señor Resucitado, enséñame a ser apóstol de tu Evangelio. Que al contemplar tus heridas pueda comprender el sufrimiento de cada ser humano que, por sus errores, le ha sido negada la oportunidad de experimentar tu paz y tu perdón. Amén.

Actuemos:

Abriré mi corazón acogiendo la misericordia y el perdón de Dios, actuando con responsabilidad frente a la libertad que me da el Señor.

Recordemos:

Jesús le dijo: “¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto”.

Profundicemos:

Cristo resucitado está vivo entre nosotros. Él es la esperanza de un futuro mejor. Mientras decimos con Tomás: “¡Señor mío y Dios mío!”, resuena en nuestro corazón la palabra dulce pero comprometedora del Señor: “El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará” (Cf. Jn 12,26, Benedicto XVI).

Libro Recomendado

Esperanza para todos

Saber más

Escucha La Palabra de Dios para cada día

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis 21, 5. 8-20

Abrahán tenía cien años cuando le nació su hijo Isaac. El chico creció, y lo destetaron. Abrahán dio un gran banquete el día que destetaron a Isaac. Al ver que el hijo de Agar, la egipcia, y de Abrahán jugaba con Isaac, Sara dijo a Abrahán: “Expulsa a esa criada y a su hijo, pues no va heredar el hijo de esa criada con mi hijo Isaac”. Abrahán se llevó un disgusto, pues era hijo suyo. Pero Dios dijo a Abrahán: “No te aflijas por el muchacho y la criada; haz todo lo que dice Sara, porque será Isaac quien continúe tu descendencia. Pero también al hijo de la criada lo convertiré en un gran pueblo, pues es descendiente tuyo”. Abrahán madrugó, tomó pan y un odre de agua, lo cargó a hombros de Agar y la despidió con el muchacho. Ella marchó y fue vagando por el desierto de Berseba. Cuando se agotó el agua del odre, colocó al niño debajo de unas matas; se apartó y se sentó a solas, a la distancia de un tiro de arco, diciendo: “No puedo ver morir al niño”. Se sentó aparte y alzando la voz, rompió a llorar. Dios oyó la voz del niño, y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo; le dijo: “¿Qué te pasa, Agar? No temas, porque Dios ha oído la voz del muchacho, allí donde está. Levántate, toma al niño y agárrale fuerte de la mano, porque haré que sea un pueblo grande”. Dios le abrió los ojos, y vio un pozo de agua; ella fue, llenó el odre de agua y dio de beber al muchacho. Dios estaba con el muchacho, que creció, habitó en el desierto y se hizo un experto arquero.

L: Palabra de Dios

T: Te alabamos, Señor

Salmo responsorial 33, 7-8. 10-13

R: El afligido invocó al Señor, y Él le escuchó.

El afligido invocó al Señor, Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. El ángel del Señor acampa en torno a quienes le temen y los protege / R.
Todos sus santos, teman al Señor, porque nada les falta a los que le temen; los ricos empobrecen y pasan hambre, los que buscan al Señor no carecen de nada / R.
Vengan, hijos, escúchenme: los instruiré en el temor del Señor. ¿Hay alguien que ame la vida y desee días de prosperidad? / R.

Aclamación antes del Evangelio (St 1, 18)

Por propia iniciativa el Padre nos engendró con la palabra de la verdad, para que seamos como una primicia de sus criaturas.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 8, 28-34

“¿Has venido aquí a atormentar a los demonios antes de tiempo?”

En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gadarenos. Desde los sepulcros dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. Y le dijeron a gritos: “¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?”. A cierta distancia, una gran piara de cerdos estaba hozando. Los demonios le rogaron: “Si nos echas, mándanos a la piara”. Jesús les dijo: “Vayan”. Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo al mar y murieron en las aguas. Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.

S: Palabra de Dios

T: Gloria a ti, Señor Jesús

“¿Has venido aquí a atormentar a los demonios antes de tiempo?”
(Mt 8, 28-34)

Hoy, nos encontramos con un texto que nos permite contemplar a Jesús que brinda nuevas posibilidades de vida manifestada en la victoria frente al mal. Mateo, nos describe la realidad de dos hombres endemoniados que viven en el cementerio, en el lugar de los muertos, excluidos de la sociedad, estos hombres poseídos por malos espíritus daban miedo, seguramente eran hombres de personalidades violentas, de difícil trato; por eso al ver a Jesús les molesta su presencia: “¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?”. Al estar frente a Jesús, reconocen en él la fuerza transformadora de Dios y le piden ser liberados del mal. Y como lo hemos escuchado en el relato, Jesús permite que los espíritus inmundos salgan de los hombres, entren en los cerdos y estos perecen al tirarse en las profundidades de un acantilado. La gente al enterarse de lo acontecido siente temor y piden a Jesús salir de su territorio. Les falta fe y coraje para acoger la gracia divina; ya que muchas veces nos acostumbramos a vivir en el pecado o vemos con normalidad aquello que sabemos no responde al plan de salvación.

Reflexionemos:

Sabemos que el pecado nos separa del Señor, y que hay muchas maneras de hacernos daño o lastimar a los demás. ¿En mi camino de fe, pido con insistencia al Espíritu Santo el don del discernimiento para obrar con libertad?

Oremos:

Señor Jesús, permíteme estar en tu presencia para abrir el corazón, entregarte mi dolor y reconocer que tú eres mi paz y mi salvación. Amén.

Actuemos:

Abriré mi corazón acogiendo la misericordia y el perdón de Dios, actuando con responsabilidad frente a la libertad que me da el Señor.

Recordemos:

Jesús les dijo: “Vayan”.

Profundicemos:

La Biblia nos enseña que el hombre ha sido creado “a imagen de Dios”, con capacidad para conocer y amar a su Creador, y que por Dios ha sido constituido Señor de la entera creación visible para gobernarla y usarla glorificando a Dios. ¿Qué es el hombre para que tú te acuerdes de él? ¿O el hijo del hombre para que te cuides de él? Apenas lo has hecho inferior a los ángeles al coronarlo de gloria y esplendor. Tú lo pusiste sobre la obra de tus manos. Todo fue puesto por ti debajo de sus pies (Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes Ps 8,5-7)

Libro Recomendado

Esperanza para todos

Saber más

Escucha La Palabra de Dios para cada día

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis 19, 15-29

En aquellos días, los ángeles urgieron a Lot: “Levántate, toma a tu mujer y a tus dos hijas que están aquí, no vayas a perecer por culpa de Sodoma”. Y como no se decidía, los hombres los tomaron de la mano a él, a su mujer y a sus dos hijas, por la misericordia del Señor hacia él, y lo sacaron, poniéndolo fuera de la ciudad y diciéndole: “Ponte a salvo; por tu vida no mires atrás ni te detengas en la vega; ponte a salvo en los montes, para no perecer”. Lot les respondió: “No. Señor mío. Aunque tu siervo ha alcanzado tu favor, pues me has tratado con gran misericordia, salvándome la vida, yo no puedo ponerme a salvo en los montes; la desgracia me alcanzará y moriré. Mira, cerca de aquí hay una ciudad pequeña, donde puedo refugiarme. ¡Permíteme escapar allá! ¿No es acaso muy pequeña? Así yo salvaré la vida”. Le contestó: “Accedo a lo que pides, no arrasaré la ciudad que dices. Aprisa, ponte a salvo allí, pues no puedo hacer nada hasta que llegues allá”. Por eso la ciudad se llama Soar. Salía el sol sobre la tierra cuando Lot salió a Soar. El Señor, hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego desde el cielo. Arrasó aquellas ciudades y toda la vega; los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo. La mujer de Lot miró atrás, y se convirtió en estatua de sal. Abrahán madrugó y se dirigió al sitio donde había estado delante del Señor. Miró en dirección de Sodoma y Gomorra, toda la extensión de la vega, y vio humo que subía del suelo, como humo de horno. Cuando Dios destruyó las ciudades de la vega, se acordó de Abrahán y sacó a Lot de la catástrofe, al arrasar las ciudades donde había vivido Lot.

L: Palabra de Dios

T: Te alabamos, Señor

Salmo responsorial 25, 2-3. 9-12

R: Tengo ante los ojos tu bondad, Señor.

Escrútame, Señor, ponme a prueba, sondea mis entrañas y mi corazón, porque tengo ante los ojos tu bondad, y camino en tu verdad / R.
No arrebates mi alma con los pecadores, ni mi vida con los sanguinarios, que en su izquierda llevan infamias, y su derecha está llena de sobornos / R.
Yo, en cambio, camino en la integridad; sálvame, ten misericordia de mí. Mi pie se mantiene en el camino llano; en la asamblea bendeciré al Señor / R.

Aclamación antes del Evangelio (Cf. Sal 129, 5)

Espero en el Señor, espero en su Palabra.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 8, 23-27

Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. En esto se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; Él dormía. Se acercaron y lo despertaron gritándole: “¡Señor, sálvanos, que perecemos!”. Él les dice: “¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”. Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma. Los hombres se decían asombrados: “¿Quién es este, que hasta el viento y el mar lo obedecen?”.

S: Palabra de Dios

T: Gloria a ti, Señor Jesús

Paulinas Colombia Ecuador
Calle 161 A No. 15 - 50 Bogotá - Colombia
Tel: +57 (601) 528 7444 
Cel: +57 313 887 1618
Correo: [email protected]
Cel: +57 315 345 7465

Conecta con nosotros en:

2025 Instituto Misionero Hijas de San Pablo - Paulinas
Paulinas Colombia
Todos los derechos reservados | web by nobacom.com
phone-handsetchevron-down