Liturgia del día

26 de Abril

De la Octava de Pascua
Hch 4, 1-12 / Sal 117, 1-2. 4. 22-27a / Jn 21, 1-14. Propio. Blanco.

Se acercó Jesús, tomó el pan y se lo repartió,
y lo mismo hizo con el pescado

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a sus discípulos a orillas del lago de Tiberíades. Se apareció así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dice: “Me voy a pescar”. Ellos le dicen: “También nosotros vamos contigo”. Salieron y subieron a la barca, pero esa noche no pescaron nada. Ya amanecía cuando Jesús se presentó a orillas del lago, pero los discípulos no se daban cuenta de que era Jesús. Jesús les dice: “Muchachos, ¿tienen algo para comer?”. Ellos respondieron: “No”. Él les dijo: “Echen la red al lado derecho de la barca y encontrarán”. La echaron, y fue tal la cantidad de peces que no podían sacarla. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: “¡Es el Señor!”. Al oír Simón Pedro que era el Señor, se puso la túnica, pues estaba sin ella, y se lanzó al agua. Los otros discípulos llegaron en la barca arrastrando la red con los pescados, pues no estaban lejos de la orilla, sino unos cien metros. Al saltar a tierra ven unas brasas, un pescado sobre ellas y pan. Jesús les dice: “Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar”. Simón Pedro subió a la barca y sacó a tierra la red llena de peces grandes. En total eran ciento cincuenta y tres. Pero, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dice: “Vengan a comer”. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: “¿Quién eres tú?”, porque sabían que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo hace con el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de haber resucitado de entre los muertos.

La escena del evangelio de hoy es interesante: los discípulos trabajan inútilmente y Jesús les hace fecundo o productivo su trabajo. Jesús Resucitado se hace presente en medio de la vida cotidiana, durante la pesca. La fecundidad de nuestro trabajo humano, la capacidad de hacerlo en nombre del Señor, la posibilidad de detenerse para disfrutar de lo trabajado, en el corazón de todas esas cosas está Jesús Resucitado, repartiendo alimento, calmando la ansiedad del corazón humano al calor del afecto fraternal. Jesús llena de fuego nuestras vidas; Jesús nos une en la fracción del pan; Jesús Resucitado está con nosotros acompañándonos y sosteniéndonos en las duras labores de cada día.

¿Ilumina nuestro compromiso con Cristo la manera como trabajamos, las cosas que hacemos
para ganarnos la vida?