Liturgia del día

16 de Noviembre

Santa Margarita de Escocia
2 Jn 4-9 / Sal 118, 1-2. 10-11. 17-18 / Lc 17, 26-37.
Feria o ML. Verde o Blanco.

“El día que se manifieste el Hijo del hombre”

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Como sucedió en los tiempos de Noé, así será también el día de la manifestación del Hijo del hombre: la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y todos murieron. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: la gente comía y bebía, compraba y vendía, sembraba y construía; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo, y todos murieron. Lo mismo sucederá en el día que el Hijo del hombre se manifieste con gloria. Aquel día, el que esté en la terraza y tenga sus cosas en la casa, que no baje por ellas. Y el que esté en el campo, que no mire atrás. ¡Acuérdense de la mujer de Lot! El que quiera conservar su vida la perderá; pero el que la pierda, la conservará. Les aseguro que si esa noche están dos hombres descansando juntos, uno será tomado y el otro dejado. Y si están dos mujeres moliendo grano juntas, a una se la llevarán y a otra la dejarán”. Los discípulos le preguntaron: “¿Dónde sucederá eso, Señor?”. Y Jesús les respondió: “Los buitres se juntarán allí donde esté el cadáver”.

Vivimos inmersos en la realidad temporal y absortos en las urgencias, atracciones y distracciones del día: subsistencia, familia, negocios, dinero y placer. Dios suele estar ausente del horizonte. El cuándo, cómo y dónde del día del Señor, son secundarios; lo que importa es estar siempre preparados, como bien lo enseñan las parábolas de la vigilancia. La llamada de Cristo a su seguimiento requiere una disponibilidad total, viviendo desinstalados y desprendidos de lo que uno posee y usa. No conviene mirar hacia atrás como la mujer de Lot al salir de Sodoma, quien, por una mirada, desató su perdición. Después de preguntar sobre el “tiempo” de su venida, los discípulos le preguntan por el “lugar”, y la respuesta tiene el sabor de un proverbio con tono enigmático. La imagen que utiliza –la rapidez con la que un ave de rapiña se abalanza sobre su presa– indica que su venida se producirá de repente y sin previo aviso. De ese modo, nos enseña a vivir cada instante como si fuera el último, el decisivo de la vida. Quien se prepara para la llegada del reino está siempre dispuesto a comparecer ante Dios. En cada momento, el reino llega en las personas y en las situaciones que se nos presentan cada día.

Señor, que a través de tu presencia le podamos dar un sentido a nuestra vida para que nuestro encuentro definitivo contigo sea de eterna alegría y que permanentemente estemos siempre preparados para él.