9 de Septiembre

San Pedro Claver, presbítero
Col 1, 24 – 2, 3 / Sal 61, 6-7. 9 / Lc 6, 6-11. Propio de la MO. Blanco.

Estaban al acecho para ver si curaba en sábado

Un sábado, Jesús entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Los escribas y los fariseos estaban vigilándolo para observar si lo sanaba en sábado, y así tener pruebas para acusarlo. Jesús se dio cuenta de sus pensamientos y dijo al hombre que tenía la mano paralizada: “Levántate y ponte ahí en medio”. Él se levantó y se puso allí. Jesús les dijo: “Les hago una pregunta: ¿está permitido en sábado hacer el bien o hacer el mal? ¿Salvar una vida o destruirla?”. Y, viendo a todos alrededor, le dijo al hombre: “Extiende tu mano”. Él lo hizo y su mano quedó restablecida. Ellos se llenaron de ira y discutían entre ellos qué le harían a Jesús.

¿Qué es lo que cuenta al fin y al cabo en una religión? Jesús responde señalando que lo que cuenta es hacer el bien, salvar vidas. El texto de hoy nos dice que después de la pregunta, Jesús paseó su mirada sobre ellos y luego se dirigió al hombre que tenía la mano paralizada. Jesús no encontró respuesta a su pregunta. Los fariseos, por causa de su legalismo, no veían las necesidades reales de los demás, estaban enceguecidos por su orgullo religioso hasta el punto de no sentir compasión por el dolor y los dramas humanos. Tener la mano derecha paralizada para un hombre en el tiempo de Jesús era quedar condenado al desempleo, al hambre, a la marginación. Jesús lo restaura. Y en eso muestra que la religión que propone es auténtica, liberadora y humanizadora.

¿Qué actitudes y comportamientos nos indican que nuestra fe nos ha potenciado
para dar el primer puesto a las personas?