10 de Septiembre

San Nicolás de Tolentino, religioso
Col 2, 6-15 / Sal 144, 1-2. 8-11 / Lc 6, 12-19. Feria. Verde.

Pasó la noche orando.
Escogió a doce y los nombró apóstoles

Por aquellos días, Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios. Cuando amaneció, llamó a sus discípulos y escogió a doce de entre ellos, a quienes también llamó apóstoles: Simón, a quien llamó Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago y Juan; Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el hijo de Alfeo, Simón, llamado el Zelota; Judas el hijo de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor. Jesús bajó con ellos del monte y se detuvo en una llanura. También había muchos de sus discípulos y una gran multitud del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y Sidón. Ellos fueron para escucharlo y para ser sanados de sus enfermedades. Los atormentados por espíritus inmundos quedaban sanados. Y toda la multitud trataba de tocarlo, porque salía de Él un poder que sanaba a todos.

Jesús ora, llama a sus discípulos, entra en contacto con la multitud y se deja tocar por ella, repartiendo salud y liberación. Los tres gestos están íntimamente unidos. La larga oración nocturna prepara para las actividades del día. Sin pasar por el silencio y la soledad de la oración no hay posibilidad de discernimiento y de anuncio. La oración es la que fortalece a Jesús para tomar la decisión de llamar a un grupo de seguidores a asociarse a su tarea. Es la oración la que le permite llamarlos por su nombre y compartir con ellos el poder del amor. Solo quien ha subido a las alturas de la oración y ha permanecido extensamente en ella puede descender a transmitir lo que ha recibido, lo que ha experimentado.

¿Cómo están articulados en nuestra vida cristiana la oración,
la predicación y el cuidado por el bienestar de los hermanos?