11 de Septiembre

Santos Proto y Jacinto, mártires
Col 3, 1-11/ Sal 144, 2-3. 10-13ab / Lc 6, 20-26. Feria. Verde.

“Dichosos los pobres; ¡ay de ustedes, los ricos!”

En aquel tiempo, Jesús, levantando sus ojos hacia sus discípulos, decía: “Felices ustedes, los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios. Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque recibirán en abundancia. Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán. Felices ustedes, cuando los hombres los odien y cuando los excluyan, los insulten y repudien su nombre como malo por causa del Hijo del hombre. Alégrense en ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo, ya que los padres de esos hombres así trataban a los profetas. Pero, ¡ay de ustedes, los ricos, porque ya tienen su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que ahora están saciados, porque tendrán hambre! ¡Ay de los que ahora ríen, porque ustedes se lamentarán y llorarán! ¡Ay de ustedes, cuando todos los hombres los halaguen, pues lo mismo hacían los padres de ellos con los falsos profetas!”.

Se ha dicho con exactitud que el evangelio de Jesús es para los insatisfechos. Y la cosa no es banal porque desde hace muchos años se nos está invitando de forma sutil y poética a lo contrario: “Camina plácido entre el ruido y la prisa… y sea que te resulte claro o no, el mundo marcha como debiera”. Si entendemos esta famosa frase como una invitación al realismo, tal vez se podría aceptar, pero es irónica, porque en realidad el mundo no marcha como debiera. Los que tienen hambre, los que lloran, los que carecen de lo necesario e indispensable no pueden estar contentos con la marcha del mundo. Porque tal como está, el mundo contradice los proyectos de Dios. Estar contento con este mundo es creer que marcha como debiera. Estar insatisfecho es mirar la historia con los ojos de Dios y luchar para que se aproxime cada vez más a la civilización del amor querida por Dios.

¿Qué sentimientos despiertan en nosotros la brecha entre ricos y pobres que hay en el mundo?