9 de Octubre

San Luis Bertrán, presbítero
Jon 4, 1-11/ Sal 85, 3-6. 9-10 / Lc 11, 1-4.
Propio de la MO (en Colombia). Blanco.

Señor, enséñanos a orar

Una vez Jesús estaba orando en un lugar. Cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”. Él les dijo: “Cuando oren, digan: ‘Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino; danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en la tentación’”.

Cuando en la oración decimos “Padre”, es porque estamos dispuestos a tratar a los demás como hermanos; cuando en la oración decimos “que venga tu reino”, es porque nos comprometemos con nuestros gestos y estilo de vida a apresurar la llegada del reino de Dios; cuando decimos “santificado sea tu Nombre”, le pedimos a Dios la gracia de honrar su nombre con nuestra santidad de vida; cuando le pedimos a Dios que nos dé el “pan de cada día”, le pedimos por nuestras condiciones materiales de existencia; cuando le decimos que “nos perdone como nosotros perdonamos a los demás”, le pedimos que nos haga reconocer su incondicional acogida a cada uno de nosotros, para que también nosotros podamos acoger misericordiosamente a los demás. Y si le pedimos que “no nos deje caer en la tentación”, reconocemos nuestra fragilidad y le suplicamos que su fortaleza acreciente nuestro coraje para rechazar lo que nos aleja de Dios.

¿Cómo rezamos el Padrenuestro?