9 de Noviembre

DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN
Ez 47, 1-2. 8-9. 12 (1 Co 3, 9c-11. 16-17) / Sal 45, 2-3. 5-6. 8-9 /
Jn 2, 13-22. Propio de la Fiesta. Blanco.

“Hablaba del templo de su cuerpo”

Como estaba próxima la Pascua judía, Jesús subió a Jerusalén. Encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Hizo un látigo con cuerdas y echó a todos fuera del templo, con las ovejas y los bueyes; tiró al suelo las monedas de los cambistas y volcó las mesas, y dijo a los vendedores de palomas: “Quiten eso de aquí. No conviertan en un mercado la casa de mi Padre”. Sus discípulos recordaron lo que está escrito: “El celo por tu casa me devora”. Los judíos le preguntaron: “¿Qué señal nos muestras para obrar de ese modo?”. Jesús les respondió: “Destruyan este santuario, y en tres días lo reconstruiré”. Los judíos le replicaron: “Este santuario fue construido en cuarenta y seis años, ¿y tú lo reconstruirás en tres días?”. Pero Jesús se refería al santuario de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos recordaron que había dicho esto y creyeron en la Escritura y en la palabra que había dicho Jesús.

El evangelio de hoy nos presenta a un Jesús que, con todo respeto, podemos tildar de agresivo. Toma un azote de cuerdas, expulsa a los comerciantes del templo y voltea las mesas con los productos y el dinero. No es un Jesús dulzarrón, pacífico, tranquilo ante la perversión de la religión. No es un Jesús mansamente neutro que no toma partido contra el mal y la corrupción. Cómo hace falta que muchos cristianos aprendamos a dejarnos invadir por ese celo ardiente. ¡Cómo hace falta en la Iglesia gente que se tome en serio el evangelio y que no juegue a medias tintas! ¡Cuánta indecisión! ¡Cuánta mediocridad! ¡Cuánta religión que se ha dejado manosear por políticos astutos que no quieren sino su propio interés!

¿Qué capacidad ha generado en nosotros la fe para decir la verdad y defenderla?