8 de Noviembre

San Godofredo, obispo
Rm 15, 14-21/ Sal 97, 1-4 / Lc 16, 1-8. Feria. Verde.

“Los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz”

En aquel tiempo, Jesús decía también a los discípulos: “Había un hombre rico, el cual tenía un administrador, que fue acusado ante él de que estaba derrochando sus bienes. Lo llamó y le dijo: ‘¿Qué es eso que escucho de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando’. El administrador dijo para sí mismo: ‘¿Qué haré, pues mi amo me quita la administración? Cavar, no tengo fuerzas; mendigar, me da vergüenza. Ya sé qué haré para que, cuando sea destituido de la administración, me reciban en sus casas’. Entonces fue llamando a cada uno de los deudores de su amo, y dijo al primero: ‘¿Cuánto debes a mi amo?’. Él respondió: ‘Cien barriles de aceite de oliva’. Le dijo: ‘Toma tu recibo, siéntate rápido y escribe cincuenta’. Luego dijo a otro: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’. Él respondió: ‘Cien costales de trigo’. Él le dijo: ‘Toma tu recibo y escribe ochenta’. El amo elogió al administrador injusto, porque actuó astutamente. En efecto, los hijos de este mundo son más astutos que los hijos de la luz en el trato con sus contemporáneos.

Al final de la parábola el amo felicita a su siervo por la astucia con la que había obrado. La astucia la han entendido los santos como una finura para pensar lo que hay que hacer, lo que se puede hacer. Los santos no refunfuñaban ante los problemas. Estudiaban con cuidado –astucia– las condiciones reales de actuación y aprovechaban las circunstancias para sembrar el amor, para sacar adelante los planes de Dios. Astucia no tiene nada que ver con mentira o con doblez. Es tacto, discernimiento en medio de las circunstancias. La fe verdadera impulsa a una postura más creativa, más decidida. Porque la fe actúa por el amor, y este es increíblemente inteligente.

¿Creemos que es incompatible la fe con la astucia?