9 de Mayo

San Pacomio, abad
Hch 8, 26-40 / Sal 65, 8-9. 16-17. 20 / Jn 6, 44-51. Feria. Blanco.

“Yo soy el pan vivo bajado del cielo”

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: ‘Todosseránenseñados por Dios’. Todo el que escucha al Padre y aprende de Él, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre, solo el que viene de parte de Dios ha visto al Padre. En verdad, en verdad les digo: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y murieron. Este es el pan que ha bajado del cielo, para que quien coma de él no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Si alguno come de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”.

El pan con el que Jesús se compara hoy en el evangelio, se relaciona con el maná que Dios dio al pueblo de Israel durante su travesía por el desierto. Jesús insiste hoy en que nadie puede ir a Él si el Padre no lo atrae hacia Él. También subraya que el pan de vida desciende del cielo, lo que quiere decir que ningún ser humano lo puede obtener por sí mismo, es un don: es Jesús mismo que da su propia vida, es decir, su carne, para que el mundo tenga vida. Todo es gracia, todo es don. Nadie se hace creyente sin acoger la gracia que Dios le da por medio de la Iglesia. Nadie se da a sí mismo la vida. Por eso la fe es el arte de aprender a recibir, de aprender a escuchar, la disposición a dejarse hablar por Dios, a dejarse seducir por la belleza del amor de Dios.

¿Vivimos nuestra fe como una experiencia de gratitud, de acogida gozosa de una iniciativa
divina que supera nuestros méritos?