8 de Mayo

San Víctor, mártir
Hch 8, 1b-8 / Sal 65, 1-7a / Jn 6, 35-40. Feria. Blanco.

“Esto es lo que quiere el Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna”

En aquel tiempo, Jesús les respondió a la gente: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre, y el que cree en mí nunca más tendrá sed. Pero ustedes, como ya les dije, me han visto y no creen. Todo aquello que me da el Padre, vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera. Porque yo he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del que me envió: que yo no pierda nada de lo que me ha dado, sino que los resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día”.

Jesús describe la razón por la cual vino a la tierra: porque su Padre lo ha enviado para que todo hombre que vea al Hijo y crea en Él, obtenga la vida eterna. El cristianismo afirma la fe en un Dios bueno, en un Dios que quiere la plenitud para sus hijos, hasta el punto de compartir con ellos su misma vida. El cristianismo es la religión de la vida, y de una vida que por lo hermosa coincide con la vida eterna de Dios, que su Hijo ha venido a compartir con cada persona que lo acoge. Los apóstoles entendieron eso, vivieron eso, gozaron con la Buena Nueva y por eso, aunque perseguidos, por donde pasaban no podían hacer otra cosa sino ofrecer esa vida que ya disfrutaban.

¿Vivimos a Dios como alguien que nos eleva hasta lo más bello y digno que hay en nosotros?