12 de Mayo

4.º Domingo de Pascua
Hch 13, 14. 43-52 / Sal 99, 1-3. 5 / Ap 7, 9. 14b-17/ Jn 10, 27-30. Propio, salterio de la 4.ª semana. Blanco.

“Yo doy vida eterna a mis ovejas”

En aquel tiempo, dijo Jesús: “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno solo”.

Los creyentes deberíamos poner mucho más cuidado a lo que nos dice Jesús y quedaríamos libres de los miedos, de las ansiedades, de los temores paralizantes que son signo de desconfianza. Meditemos estas palabras de Jesús: “Yo conozco a mis ovejas”; “Yo les doy la vida eterna”; “Nunca perecerán”; “Nadie las arrancará de mi mano”; “Lo que me dio el Padre vale más que todo”; “Nadie puede arrancar algo de la mano de mi Padre”. Todas esas expresiones no son ningún cuento que Jesús nos narra para distraernos. Son la realidad más real que podamos vivir en este mundo. Si estamos en las manos de Dios, ¿qué podremos temer? Si Jesús es nuestro Pastor, ¿qué nos podrá hacer temblar?

¿Estamos tan unidos a Jesús que nos sentimos pastoreados por Él?