6 de Septiembre

Santos Dociano y Leto, mártires
Col 1, 15-20 / Sal 99, 2-5 / Lc 5, 33-39. Feria. Verde.

“Llegará el día en que se lleven al novio,
y entonces ayunarán”

En aquel tiempo, dijeron a Jesús los fariseos y los escribas: “Los discípulos de Juan ayunan y oran con frecuencia, de igual manera los discípulos de los fariseos, en cambio los tuyos comen y beben”. Jesús les respondió: “¿Acaso pueden ustedes obligar a los amigos del novio a que ayunen, mientras el novio está con ellos? Vendrán días en que el novio les será quitado y entonces sí ayunarán en esos días”. Les dijo además esta parábola: “Nadie remienda un vestido viejo con un parche cortado de un vestido nuevo, porque, si lo hace, el nuevo se romperá y en el vestido viejo no se verá bien el remiendo del nuevo. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, pues, si lo hace, el vino nuevo revienta los odres, el vino se derramará y los odres se echarán a perder. Por el contrario, el vino nuevo se debe echar en odres nuevos. Nadie que toma vino añejo prefiere el nuevo, pues dice: ‘el añejo es mejor’”.

Al contacto con Jesús, los discípulos no cumplían más con ciertos ritos judíos: ayunos y oraciones. Y por eso Jesús es interrogado, porque es el responsable de ese comportamiento inaudito. Y Jesús responde hablando de vino nuevo y de vino viejo. Y al comparar esa nueva relación con Dios con una boda, Jesús indica el talante alegre y gozoso de esa nueva religión: se basa en la confianza en Dios, que transforma la vida de una persona que acoge a Jesús. Pero hay que desacostumbrarse al vino viejo, porque se trata de un cambio de valores profundos. Un cambio sobre todo que hace que el creyente adquiera una libertad profunda ante los hombres: estos ya no son sus jueces, solo Dios, en cuya presencia se vive la vida.

¿Qué compromisos podemos asumir para ir dejando atrás el hombre viejo?