5 de Junio

San Bonifacio, obispo y mártir
Hch 20, 28-38 / Sal 67, 29-30. 33-36c / Jn 17, 11b-19.
Propio de la MO. Rojo.

“Que sean uno como nosotros”

En aquel tiempo, Jesús levantando los ojos al cielo, oró diciendo: “Padre santo, protege en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Mientras estaba con ellos, yo protegía en tu nombre a los que me has dado. Los cuidé y ninguno de ellos se perdió, excepto el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo, para que tengan en sí mismos mi alegría plena. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los odia, porque ellos no son del mundo, como yo tampoco soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los defiendas del Maligno. No son del mundo, como yo tampoco soy del mundo. Conságralos en la verdad. Tu palabra es la verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envié al mundo. Por ellos me consagro a mí mismo, para que también ellos sean consagrados en la verdad.

En el evangelio de hoy, Jesús se despide de sus discípulos y ora directamente al Padre para que los llene de gozo, para que estando en el mundo sean capaces de ser luz en Él, sin dejarse contaminar. Jesús recuerda cómo ha enseñado la Palabra del Padre a los apóstoles, cómo han sido odiados por seguirlo, cómo se ha consagrado a ellos para que también ellos se consagren a la verdad. Esa es la misión de la Iglesia, de cada creyente, de todo discípulo de Cristo: la construcción de comunidades sólidas donde los creyentes compartan la Palabra, el Pan de vida, pero también proyectos comunitarios que contribuyan al bienestar material de los miembros de la comunidad.

¿Hacemos de nuestra familia la primera Iglesia doméstica en que participamos activamente?