4 de Junio

San Francisco Caracciolo, presbítero
Hch 20, 17-27/ Sal 67, 10-11. 20-21 / Jn 17, 1-11a. Feria. Blanco.

“Padre, glorifica a tu Hijo”

En aquel tiempo Jesús levantando sus ojos al cielo, dijo: “Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique. Tú le diste autoridad sobre toda la humanidad, para que Él dé la vida eterna a los que tú le has dado. Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y al que tú enviaste, a Jesucristo. Yo te glorifiqué sobre la tierra, llevando a cabo la obra que me has encargado que hiciera. Ahora, Padre, glorifícame junto a ti con la gloria que tenía junto a ti antes que el mundo existiera. Manifesté tu nombre a los hombres que tú me diste, tomándolos del mundo. Eran tuyos y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han comprendido que todo lo que tú me has dado procede de ti, porque las palabras que me diste se las he dado a ellos. Ellos las recibieron y saben que verdaderamente salí de ti y creyeron que tú me enviaste. Yo te ruego por ellos. No te ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo no estoy más en el mundo; pero ellos están en el mundo, y yo voy a ti”.

El evangelio de hoy contiene un mensaje importante para todos nosotros. Jesús pide al Padre que nos consagre en la verdad y nos proteja del mundo. Es significativo, ante todo, que Jesús pida al Padre que nos consagre y proteja, pero no que nos aparte del mundo. Sabemos que Él envía a sus discípulos para que sean fermento de santidad y verdad en el mundo: la sal de la tierra, la luz del mundo. En esto, los mártires nos muestran el camino. Jesús reza, pide para que la tristeza y el aislamiento no nos ganen el corazón. Nosotros queremos hacer lo mismo, queremos unirnos a la oración de Jesús, a sus palabras para decir juntos: “Padre santo, cuídalos con el poder de tu nombre… para que estén completamente unidos, como tú y yo”, “y su gozo sea completo”. Jesús reza y nos invita a rezar, porque sabe que hay cosas que solo las podemos recibir como don, hay cosas que solo podemos vivir como regalo (S.S. Francisco).

Para agradecerle a Dios su amor, ¿aceptamos con alegría y confianza las dificultades de cada día?