4 de Septiembre

Santa Rosalía, virgen
Col 1, 1-8 / Sal 51, 10-11 / Lc 4, 38-44. Feria. Verde.

“También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado”

En aquel tiempo, Jesús salió de la sinagoga y entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba sufriendo de fiebre muy alta y le suplicaron que hiciera algo por ella. Él se inclinó sobre ella y reprendió a la fiebre para que la dejara. La fiebre la dejó, y ella inmediatamente se levantó y se puso a servirles. Al ocultarse el sol, todos los que tenían enfermos de diversos males se los llevaron, y Él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. También de muchos salían demonios, gritando: “Tú eres el Hijo de Dios”. Él los reprendía y no los dejaba hablar, porque sabían que Él era el Cristo. Cuando amaneció, salió y se dirigió a un lugar desierto. Las multitudes lo buscaban, lo encontraron y querían retenerlo para que no se fuera de ellos. Él les dijo: “También a otros pueblos debo anunciarles la buena noticia del reino de Dios, porque para esto fui enviado”. Y andaba predicando por las sinagogas de Judea.

En el evangelio de hoy vemos tres actividades de Jesús: las curaciones, la búsqueda de la soledad y la predicación por las regiones de Galilea. Tres elementos fundamentales de la evangelización que podríamos considerar todos los que queremos seguir las huellas de Jesús. Primero, una preocupación por la persona concreta y su salud. El anuncio de la Buena Noticia tiene que pasar por el cuerpo, por la salud. Segundo, la soledad y la oración. Es muy típico de Jesús y de los grandes santos, incluso de todas las religiones, ir a buscar reposo en Dios, como dejarse penetrar por Él, dejarse herir por su amor vivificante en el silencio y la meditación. Tercero: la predicación de la palabra recorriendo los caminos. Hermosa vocación misionera, comunicadora, que no permite al evangelizador instalarse en un lugar.

¿Cómo es nuestra solidaridad con los enfermos?