4 de Noviembre

San Carlos Borromeo, obispo
Rm 11, 29-36 / Sal 68, 30-31. 33-34. 36-37 / Lc 14, 12-14.
Propio de la MO. Blanco.

“No invites a tus amigos, sino a pobres y lisiados”

En aquel tiempo, Jesús también decía al que lo había invitado: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos, no sea que ellos también te inviten y tengas tu pago. Por el contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los mancos, a los cojos y a los ciegos, y serás feliz, porque ellos no tienen con qué pagarte. Serás recompensado en la resurrección de los justos”.

Si damos calculando las ventajas que nuestro gesto nos puede traer, no hemos conocido la gratuidad propia del amor cristiano. Si lo que guía nuestro comportamiento con los demás es el interés, la utilidad, el mutuo elogio, no hemos conocido el sentido del evangelio de Cristo. La verdadera experiencia espiritual hace que pongamos nuestro corazón y nuestra alegría en Dios, quien en la resurrección nos tratará según la opción que hayamos consolidado en esta tierra. Parece impracticable este desinterés total. Pareciera que siempre nos guía una intencionalidad interesada. Pero Jesús nos dice que no se trata de eliminar el interés, sino de ubicarlo, no en las recompensas humanas sino en Dios; solo Él ofrece una “recompensa” eterna.

¿Qué actos de generosidad podemos realizar hoy?