28 de Noviembre

Santa Catalina Labouré, virgen
Dn 6, 12-28 / Sal Dn 3, 68-74 / Lc 21, 20-28. Feria. Verde.

“Jerusalén será pisoteada por gentiles,
hasta que alcancen su plenitud los tiempos”

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Cuando vean a Jerusalén rodeada por ejércitos, sepan que está cerca su desolación. Entonces los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén en medio de la ciudad, váyanse; y los que estén en el campo, no entren en la ciudad. Porque esos son días de venganza, para que se cumpla todo lo que está escrito. ¡Ay de las que estén embarazadas y las que estén criando en aquellos días! Porque habrá una gran calamidad en la tierra y cólera contra este pueblo. Caerán a filo de espada y serán llevados como prisioneros a todos los pueblos. Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que el tiempo de los gentiles se cumpla. Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra habrá angustia entre las naciones, trastornadas por el estruendo del mar y de las olas. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la expectación de lo que sobreviene al mundo, porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del hombre que viene en una nube con gran poder y gloria. Cuando estas cosas comiencen a suceder, levántense y alcen su cabeza, porque se acerca su liberación”.

Hay algo paradójico en el evangelio de hoy. Por un lado san Lucas nos presenta una parte del discurso de Jesús que es aterradora: destrucción de Jerusalén, días de venganza, calamidades y cólera contra el pueblo de Jerusalén. Pero habrá también terribles señales, estruendo del mar, etc. Por otro lado, una invitación curiosísima: “Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobren ánimo y levanten la cabeza, porque se acerca su liberación”. Las tragedias, las guerras, los cambios cósmicos que aterran a los seres humanos, al creyente no lo alteran: Dios está preparando el fin, Dios está trabajando en la historia y la conduce según sus designios, que no son otros que la liberación.

¿Confiamos en que Dios está guiando misteriosamente este mundo?