27 de Noviembre

Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa
Dn 5, 1-6. 13-14. 16-17. 23-28 / Sal Dn 3, 62-67 / Lc 21, 12-19.
Feria. Verde.

“Todos los odiarán a causa de mi nombre,
pero ni un cabello de su cabeza perecerá”

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “A ustedes les echarán mano y los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y a las cárceles, los llevarán ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre. Esto les servirá para dar testimonio. Por eso, propónganse en su corazón no preparar su defensa, porque yo les daré una palabra y una sabiduría a la cual no podrá resistir ni oponerse ninguno de sus adversarios. También serán entregados por sus padres, hermanos, parientes y amigos; y a algunos de ustedes los matarán. Serán odiados por todos por causa de mi nombre. Pero ni un cabello de su cabeza perecerá. Con su perseverancia salvarán su vida”.

En el evangelio de hoy constatamos cómo los primeros cristianos, literalmente, “fueron odiados de todos”. En realidad, la fe en Cristo no es un compromiso fácil, porque implica ineludiblemente la persecución. Los santos incluso tuvieron que afrontarla al interior de la Iglesia. Fueron los mismos hermanos de comunidad los que desterraron a algunos de los fundadores; es al interior de la misma comunidad creyente que se sienten las más vivas reticencias contra la revolución que instauran las bienaventuranzas. Pero la sabiduría del Espíritu Santo triunfa y la santidad vence. No caigamos en la trampa de aplaudir a los santos del pasado, cuando al mismo tiempo estamos rechazando a los del presente, a los que están a nuestro lado.

¿Cómo afrontamos las contradicciones de la fe?, ¿las sabemos vivir con coraje, humildad y confianza en Dios?