26 de Noviembre

Beato Santiago Alberione, presbítero
Dn 2, 31-45 / Sal Dn 3, 57-61 / Lc 21, 5-11. Feria. Verde.

“No quedará piedra sobre piedra”

En aquel tiempo, como algunos hablaban sobre el templo, de que estaba adornado con bellas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: “Llegarán días en los que todas esas cosas que ven serán destruidas y no quedará piedra sobre piedra”. Entonces le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo ocurrirá eso?, y ¿cuál será la señal de que eso está a punto de suceder?”. Él dijo: “Miren y no se dejen engañar. Porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: ‘Yo soy’ y ‘el tiempo está cerca’. No vayan tras ellos. Cuando escuchen hablar de guerras y disturbios, no se alarmen, porque es necesario que todas esas cosas sucedan primero, pero el fin no será enseguida”. Entonces les decía: “Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos y, en diferentes lugares, hambre y plagas; habrá pánico y grandes señales en el cielo.

La tierra no es el paraíso y por eso hay terremotos, inviernos rudos que nos causan gravísimos problemas. Pensar que los cambios climáticos son signos del cielo avisando que llega el fin, en realidad es ingenuo. Todas las culturas narran cambios climáticos. Es parte de este mundo creado perfectamente imperfecto por Dios. La acción de Dios en la historia humana es más bien la del amor que comparte el sufrimiento humano. Lo que importa no es que haya terremotos, que no quede piedra sobre piedra, que haya inundaciones. Dios sufre con nosotros y por eso nos comprende. El Dios crucificado no es el Dios insensible, incapaz de sufrir por sus hijos. Lo que importa es que, acompañados por el amor de Dios, no dejemos sufrir a nuestros hermanos por causa de las desgracias. Que evitemos, con la prevención de la inteligencia y del amor, que las personas sufran inútil y cruelmente.

¿Cuál es nuestra actitud ante los acontecimientos del mundo?