25 de Noviembre

Santa Catalina de Alejandría, virgen y mártir
Dn 1, 1-6. 8-20 / Sal Dn 3, 52-56 / Lc 21, 1-4. Feria o ML. Verde o Rojo.

Vio una viuda pobre que echaba dos monedillas

En aquel tiempo, Jesús, levantando su mirada, vio a los ricos que depositaban sus ofrendas en la alcancía del templo. También vio a una viuda pobre echando dos moneditas. Y dijo: “En verdad les digo que esa viuda pobre echó mucho más que todos, porque todos esos echaron a la alcancía de lo que les sobraba; ella, en cambio, echó de su pobreza todo lo que tenía para vivir”.

El primer apellido de la fe podría ser ese: generosidad. Don total de Dios que se entrega en la cruz. El cálculo en la entrega, la mezquindad en la siembra nunca auguran buena cosecha de bienaventuranza. “Felices los generosos”, es el título de un libro genial del padre Atilano Alaiz. Esa es la grandeza de esta viuda que dio todo lo que tenía para vivir. Qué lejos estamos con este evangelio de una fe tacaña y aburrida que no conoce el gozo de la entrega, que no conoce el fuego de la pasión hasta la cruz. Hemos desfigurado tanto la fe que se ha vuelto muy razonable, cuando en realidad la fe es un fuego que nos permite atravesar el dolor, el mal, la muerte, las dificultades, con un coraje que nos lleva a agarrarnos solo del dedo de Dios.

¿Qué aventuras vivimos por la evangelización, por cambiar el mundo según
el reino de Cristo, por sembrar la paz?