24 de mayo

“No te ruego solo por ellos Padre, sino también por los que gracias a ellos creerán en mi”

(Jn 17, 11)

 

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

Jesús está orando en voz alta en presencia de sus discípulos, porque quiere que conozcan su íntima relación con el Padre y aprendan a relacionarnos con Dios como hijos queridos que se sienten felices de hacer su voluntad. 

Hemos escuchado con profunda conmoción cómo Jesús después de orar por su propia glorificación para llevar a pleno cumplimiento la obra que el Padre le confió, ora por sus discípulos que serán los continuadores de su misión en el mundo: “No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno, ellos ya no son del mundo como tampoco yo soy del mundo”; por ellos me santifico yo mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad”.    

 

Reflexionemos: ¿Qué siento ante la tierna solicitud de Jesús por sus discípulos? ¿Siento también yo su cercanía de amigo y pastor bueno? ¿Cómo correspondo a su amorosa solicitud por mí?

 

Oremos: Señor, haz que nuestro modo de vivir glorifique tu nombre. Amén.

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