17 de Septiembre

CAMINANDO CON JESÚS

 

Presentación

 

Después del tiempo pascual y la fiesta de Pentecostés iniciamos como Iglesia el Tiempo Ordinario. Tiempo que nos invita a profundizar la vida cotidiana de Jesús, su relación con el Padre, sus discípulos y el anuncio del Reino. El nombre “ordinario” no indica que sea un tiempo inferior o menos importante que los demás ciclos del año litúrgico, sino que remite al tiempo en el que transcurre la mayor parte de la vida corriente de Jesús y la nuestra. De allí, que abarque 34 semanas en las que estamos llamados a crecer en nuestra relación con Dios y a descubrir su presencia en la realidad que vivimos.

 

Renovados por la acción del Espíritu Santo aprovechemos este tiempo de encuentro con Jesús en nuestra vida diaria, para aprender a caminar con Él y retomar nuestra vida con mayor esperanza a la luz de su Palabra. Que este nuevo tiempo litúrgico, marcado por la crisis actual del coronavirus, en el que todavía estamos llamados a permanecer aislados, adoptar mayores medidas de prevención, cuidar responsablemente de nosotros mismos y de los demás, nos lleve a afianzar nuestra relación con Dios y a ser desde el lugar donde nos encontramos, sembradores de esperanza.

 

Por eso te digo que han sido perdonados sus muchos pecados, porque amó mucho(Lc 7, 47)

 

Hoy el evangelio nos presenta un hermoso relato de perdón, amor y compasión. Jesús va a cenar a la casa de Simón, el fariseo. Una mujer llega, se postra ante Jesús y comienza a llorar y a ungirle los pies con un perfume de alabastro. Simón al verla, se admira que Jesús en su condición de profeta no reconozca la clase de mujer que besa sus pies y Jesús se percata de ello. Entonces para responder a su inquietud, le cuenta la historia del prestamista que perdona todo a sus deudores, para mostrarle que en esta misma medida Dios perdona por igual a todos sus hijos cuando estos se abren a su amor como la mujer pecadora: Por eso te digo que han sido perdonados sus muchos pecados, porque amó mucho”. Pidamos al Señor, en este día que abra nuestro corazón a su amor, para que más allá de nuestra condición de pecado, sepamos reconocer nuestros errores y abrirnos a la experiencia del perdón; así mismo, aprendamos a no condenar a los demás por los errores que puedan cometer.

 

Reflexionemos:

¿Cómo vivimos en nuestra vida el perdón?, ¿juzgamos o condenamos a los demás por sus errores?

 

Oremos:

Enséñanos, Señor, a percibir la semilla de bondad que hay en nosotros mismos y en los demás. A no juzgar a los otros por sus errores o pecados, sino por el contrario, reconocer en ellos el amor que los mueve al arrepentimiento sincero. Amén.

 

Profundicemos:

La misericordia y el perdón son dos de los medios más eficaces para llegar hasta Dios. Profundizar en su significado nos ayudará a experimentarlo en la propia vida y  llevarlo a la vida de los demás (https://paulinas.org.co/libreriavirtual/misericordia-y-perdon/: Misericordia y Perdón).

 

Recordemos:

El amor de Dios nos lleva a experimentar su misericordia y su perdón en todos los momentos de nuestra vida.

 

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