17 de Marzo

“Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto”

(Jn 12, 20-33)

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

Jesús nos desvela hoy lo más hermoso y profundo de su misterio: su Pascua. La ocasión es favorecida por unos extranjeros que llegan a Jerusalén diciendo: “queremos ver a Jesús”. Al enterarse de ello, Jesús responde diciendo: “ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado”; y usando la metáfora del grano de trigo, que para dar fruto tiene que caer en tierra, marchitarse y morir, Jesús habla de su muerte como el momento cumbre de su glorificación: en la cruz se manifiesta la gloria de quien entrega su vida por amor.

Pero lo más hermoso de todo es que al hablar de su muerte nos está indicando a todos el secreto para ser felices: el que ama su vida, es decir, el que se apega a ella, quedará solo y será infecundo; en cambio, quien por amor se pierde a sí mismo para dar vida a otros, se expande llevando su vida a plenitud máxima que se pueda soñar.

Juan nos deja ver que la realidad de una muerte violenta alcanza a turbar el corazón del Maestro, pero nos muestra también cómo el amor a la voluntad del Padre es más fuerte que cualquier angustia o turbación: en la intimidad con el Padre y la identificación con su voluntad, Jesús encuentra su gozo y su gloria.

 

Reflexionemos: ¿Creo de todo corazón que la cruz es la oportunidad que el Señor me da para manifestar la autenticidad de mi amor a él y a las personas que coloca a mi lado? ¿Cómo acepto la cruz que comporta la entrega de mi vida día a día?

 

Oremos: Amadísimo Jesús, sentimos que muchas personas de hoy nos gritan desde su doloroso silencio: ¡queremos ver a Jesús! Danos la gracia de abrazar la cruz de cada día con amor, para que los que tienen sed de ti, puedan verte en nuestro modo de vivir. Amén.

 

Actuemos: Cuando experimente angustia o turbación, unido a Jesús diré de todo corazón: “Padre glorifica tu nombre”.

 

Recordemos: “Ahora va a ser juzgado el mundo, ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea levantado en alto, atraeré a todos hacia mí”.

 

Profundicemos: “Quien a Dios busca queriendo continuar con sus gustos, lo busca de noche, y de noche no lo encontrará” (San Juan de la Cruz, Cántico espiritual 3, 3).

 

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