16 de Mayo

San Ubaldo, obispo
Hch 13, 13-25 / Sal 88, 2-3. 21-22. 25. 27/ Jn 13, 16-20. Feria. Blanco.

“El que recibe al que yo envío me recibe a mí”

Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo: “En verdad, en verdad les digo: el siervo no es más grande que su amo, ni el enviado es más grande que el que lo envía. Sabiendo estas cosas, ustedes serán dichosos si las ponen en práctica. No me refiero a todos ustedes, yo sé a quiénes elegí. Pero debe cumplirse la Escritura: ‘El que come mi pan levantó su talón contra mí’. Se lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, crean que Yo Soy. En verdad, en verdad les digo: quien recibe al que yo envíe, me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me envió”.

El amor, pues, es el servicio concreto que damos los unos a los otros. El amor no es solo palabras, son obras y servicio; un servicio humilde, hecho en el silencio y en lo escondido, como Jesús mismo ha dicho: “Que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha” (Mt 6, 3). Esto implica poner a disposición los dones que el Espíritu Santo nos ha donado, para que la comunidad pueda crecer. No olvidemos que lavando los pies a sus discípulos y pidiendo a ellos hacer lo mismo, Jesús nos ha invitado también a confesar mutuamente nuestras faltas y a rezar los unos por los otros para sabernos perdonar de corazón (S.S. Francisco).

¿Cerramos nuestro corazón cuando Jesús nos pide ser sus enviados?