14 de Junio

San Benilde, mártir
2 Co 4, 7-15 / Sal 115, 10-11. 15-18 / Mt 5, 27-32. Feria. Verde.

“El que mira a una mujer deseándola,
ya ha sido adúltero”

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Ustedes escucharon que se dijo: ‘No cometerás adulterio’. Pero yo les digo: Todo el que mire a una mujer con el deseo de tenerla, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te hace caer en pecado, sácatelo y arrójalo lejos de ti, pues es preferible para ti que se pierda uno de tus miembros y no que tu cuerpo entero sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te hace caer en pecado, córtatela y arrójala lejos de ti, pues es preferible para ti que se pierda uno de tus miembros y no que tu cuerpo entero vaya a dar a la gehenna. También se dijo: ‘El que despida a su mujer, dele un acta de divorcio’. Pero yo les digo: Todo el que despida a su mujer, excepto en el caso de unión ilegítima, la expone a cometer adulterio, y el que se casa con la que fue despedida comete adulterio”.

Para Jesús la religión auténtica es la que produce un corazón nuevo. En ese sentido se ha podido decir que el hombre o la mujer casados que realmente son fieles no son aquellos que lo son simplemente porque no han tenido la oportunidad de caer. Fiel en el matrimonio es aquel que de corazón ama tanto a su cónyuge que no desea más relaciones sino la que vive con su pareja. Añorar una aventura es ya un signo de que en el corazón no hay verdadera fidelidad, aunque físicamente no se produzca nada. En este sentido la afirmación de Jesús dice algo absolutamente asombroso en un mundo erotizado como el nuestro: “El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero”.

¿Podemos repetir frecuentemente en nuestra oración: “¡Oh Dios! Crea en nosotros un corazón nuevo”?