14 de julio

“No serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre”

(Mt 10, 16-23)

 

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

El texto nos coloca frente a la difícil situación que van a encontrar los discípulos de Jesús,  “Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos” (10,16). Como respuesta los misioneros tendrán la sagacidad-inteligencia de la serpiente y la sencillez de la paloma. En el v.17 se abre a la realidad de la persecución y el martirio: “os entregarán… seréis llevados… se levantarán y os matarán…. seréis odiados… cuando os persigan…” (10,17.18.21.22.23). Jesús enumera los diversos ámbitos de la persecución y muestra cómo transformar la adversidad en oportunidad para anunciar con mayor eficacia el evangelio: Jesús los instruye como deben hacer “cuando os entreguen”: “No os preocupéis de cómo o qué vais a hablar… será el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros”.

La tensión se infiltrará hasta el seno de la familia: se denunciarán unos a otros e incluso llegarán hasta lo peor: “se levantarán hijos contra padres y los matarán” (10,21).  Pero el odio generalizado también será ocasión para sacar la perla del tesoro del corazón: “el que persevere hasta el fin, se salvará” (10,22). La salvación está en la fidelidad al Maestro.

 

Reflexionemos: ¿Qué debe tener en mente un discípulo de Jesús cuando se presentan todos estos problemas?  Debe saber que todos estos aspectos que giran en torno al tema de la persecución por causa de la misión, son parte integral de la misma vida de Jesús, por eso el discípulo los asumirá como consecuencia lógica del “seguimiento”. 

 

Oremos: Señor, siento miedo frente a la persecución y el rechazo por vivir el Evangelio, ven en mi ayuda y dame la gracia de ser autentico discípulo tuyo. Amén.

 

Actuemos: Frente a situaciones de falta de ética, tener la valentía de hablar o denunciar si ese hecho afecta al grupo, sabiendo que esto me puede traer problemas y persecuciones.

 

Profundicemos: El Evangelio muestra una parte del discurso de Jesús a sus discípulos cuando los envían a la misión. Dice,: «Seréis odiados por todos a causa de  mi nombre. Pero el que persevere hasta el fin se salvará». Es decir, testimoniar a Jesús en la humildad, en el servicio silencioso, sin miedo a ir contracorriente y pagar en persona. Y, si no todos están llamados, como san Esteban, a derramar su propia sangre, a todo cristiano se le pide, sin embargo, que sea coherente en cada circunstancia con la fe que profesa. Es la coherencia cristiana. Es una gracia que debemos pedir al Señor. Ser coherentes, vivir como cristianos. Y no decir ‘soy cristiano’ y vivir como pagano. La coherencia es una gracia que hay que pedir hoy.  Papa Francisco.

 

 

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