13 de Julio

San Enrique
Gn 49, 29-33; 50, 15-26a / Sal 104, 1-4. 6-7 / Mt 10, 24-33.
Feria, ML o BMV. Verde o Blanco.

“No tengan miedo a los que matan el cuerpo”

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: “Un discípulo no es más que el maestro ni un siervo más que su señor. Para el discípulo es suficiente ser como su maestro, y para el siervo, como su señor. Si al dueño de la casa lo llamaron Belzebú, ¡cuánto más a los que viven en su casa! No les tengan miedo. No hay nada escondido que no se revele, ni nada secreto que no se conozca. Lo que les digo en las tinieblas, díganlo a plena luz; y lo que escuchan al oído, proclámenlo desde los tejados. No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Tengan miedo más bien al que puede destruir cuerpo y alma en la gehenna. ¿No se venden dos gorriones por una moneda? Pues ni uno de ellos cae al suelo sin que su Padre intervenga. Incluso todos los cabellos de su cabeza están contados. Entonces no tengan miedo. Ustedes valen más que muchos gorriones. A todo aquel que me reconozca delante de los hombres, también yo lo reconoceré delante de mi Padre que está en los cielos. Pero a todo aquel que me niegue delante de los hombres, también yo lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos”.

La vida del evangelizador auténtico está marcada por dos rasgos fundamentales. El primero es una experiencia profunda de la santidad de Dios, de su presencia y de su amor. Es una persona que ha sido quemada por Dios, que ha sido acrisolada en la presencia santa de Dios. Por eso sabe que vale muchísimo más que cualquier gorrión. El segundo rasgo es su disponibilidad para la misión. La persona evangelizadora se siente comprometida con una tarea que va más allá de su propio bienestar emocional. Y esa tarea la asume con coraje, ya que de antemano está advertido de la dureza del apostolado. Pero nada lo intimida porque la experiencia de la santidad de Dios y de su amor lo impulsa a gritar esa buena noticia a los demás.

¿Estamos preparados para soportar con libertad de espíritu los riesgos que implica el compromiso con Jesús?