14 de Julio

15.º Domingo del Tiempo Ordinario
Dt 30, 10-14 / Sal 68, 14. 17-18. 30-31. 33-34. 36ab. 37/ Col 1, 15-20 / Lc 10, 25-37. Propio, salterio de la 3.ª semana. Verde.

¿Quién es mi prójimo?

En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley y, para ponerlo a prueba, dijo: “Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?”. Él le dijo: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees allí?”. Él respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu fuerza, con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús le dijo: “Respondiste bien, haz eso y vivirás”. Pero él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: “¿Y quién es mi prójimo?”. Jesús respondió: “Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de ladrones. Ellos le quitaron la ropa, lo golpearon y luego se marcharon, dejándolo medio muerto. Coincidió que bajaba un sacerdote por ese camino y, viéndolo, se pasó al otro lado del camino. Igualmente un Levita que llegó al lugar, viéndolo, se pasó al otro lado del camino. Pero un samaritano que iba de viaje llegó junto a él y, viéndolo, tuvo compasión de él. Acercándose, le echó aceite y vino, y le vendó las heridas. Después lo montó en su cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y los dio al dueño de la posada y le dijo: ‘Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a mi regreso’. ¿Quién de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que cayó en manos de los ladrones?”. Él respondió: “El que tuvo misericordia de él”. Jesús le dijo: “Vete y haz tú lo mismo”.

¿Quién es mi prójimo? Es la pregunta que nos hace Dios. Es la misma pregunta que le hizo a Caín: ¿Dónde está tu hermano? El asunto no es saber quién es mi prójimo, sino saber con quién actúo como prójimo, a quién me acerco, de qué dolor me hago próximo, a qué hermano o hermana sufriente me aproximo y me comporto con compasión. La compasión no es aquí un sentimiento lastimero que se queda en exclamaciones inoperantes: “¡Pobrecito!”. La compasión del Buen Samaritano, el pagano y ateo, es lo único que cuenta: porque se acercó, curó las heridas del malherido, porque echó en ellas aceite y vino, porque lo llevó a un lugar seguro. En pocas palabras, porque ve el dolor ajeno y se conmueve con él.

¿A qué personas sufrientes nos hemos acercado últimamente? ¿Qué hemos hecho por ellas?