11 de Julio

San Benito, abad
Gn 44, 18-21. 23b-29; 45, 1-5 / Sal 104, 16-21/ Mt 10, 7-15.
Propio de la MO. Blanco.

“Lo que han recibido gratis, denlo gratis”

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: “Proclamen por el camino que el reino de los cielos está al alcance. Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, expulsen demonios. Gratuitamente lo recibieron, denlo gratuitamente. No adquieran oro, ni plata, ni cobre para sus bolsillos; tampoco lleven morral para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón, porque el obrero merece su alimento. Cuando entren en una ciudad o aldea, infórmense quién es digno en ella, y quédense allí hasta que se vayan. Al entrar en una casa, saluden. Si la casa es digna, la paz de ustedes llegue a ella, pero si no es digna, la paz de ustedes regrese a ustedes. Si alguien no los recibe ni escucha sus palabras, salgan de esa casa o ciudad y sacúdanse el polvo de sus pies. En verdad les digo que el día del juicio habrá más clemencia para la tierra de Sodoma y Gomorra que para esa ciudad”.

Uno de los desafíos más enormes para la evangelización hoy es mostrar un Dios que da gratuitamente su amor. Eso es lo que pide exactamente Jesús a sus discípulos en el evangelio de hoy. Por eso les dice que no hagan de la evangelización un negocio. Más aún, les pide que lleven a cabo esa tarea con medios pobres, pues no se necesita tanto dinero o poder, sino estar llenos de Dios, haber recibido gratuitamente la fuerza de su Espíritu Santo. Ciertamente la tarea evangelizadora necesita recursos indispensables para llevarse a cabo. Seríamos irrealistas si no lo consideráramos. Sin embargo, la historia de la Iglesia muestra que grandes obras evangelizadoras se hicieron sobre todo por el aliento de grandes hombres y mujeres que, más que dinero, tenían a Dios clavado en el alma.

¿Cuál es nuestra contribución a la obra evangelizadora?