8 de julio

 

“Lo que han recibido gratis, denlo gratis” (Mt 10, 8)

 

Después de llamar a sus discípulos por nombre propio, Jesús los continúa instruyendo sobre el sentido del seguimiento. Les muestra en primer lugar, la importancia de compartir gratuitamente todo aquello que han recibido de él y la necesidad de ponerse en camino confiando solo en el amor providente del Padre: No lleven en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni túnica, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento”. Así mismo, el deber que tienen como sus seguidores, de ser personas de paz y comunión: “Al entrar en una casa, saluden; si la casa se lo merece, la paz que le desean vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a ustedes”. Pidamos al Señor que nos ayude como a sus primeros discípulos, a compartir con generosidad y alegría todas las bendiciones que a diario recibimos de él. También la gracia de aprender a confiar en la providencia de Dios Padre,  y ser signos de paz y comunión en los diferentes ambientes en los que transcurre a diario nuestra existencia.

 

Reflexionemos:

¿Compartimos gratuitamente aquello que tenemos y recibimos a diario de Dios?, ¿cómo podemos ser signos de paz y comunión en nuestros hogares o lugares de trabajo?

 

Oremos:

Danos, Señor, la capacidad de aprender a compartir con sencillez, gratuidad y alegría todo aquello que a diario recibimos de ti. Que de tu mano, podamos ser siempre signos vivos de comunión, paz y fraternidad. Amén

 

Recordemos:

Dios nos invita a compartir con gratuidad todo aquello que recibimos a diario de él.

 

Actuemos:

Compartamos en este día con alguna persona que pase alguna necesidad personal, material o espiritual.

 

Profundicemos:

La vida de los santos nos enseñan la gran alegría que trae compartir con los demás todo lo que a diario recibimos de Dios (Libro: Novena a san Martín de Porres).

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