8 de diciembre

“¡Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo!”

(Lc 1, 26-38)

Hoy el don de la Palabra se hace canto y gozo en María, la mujer abierta a la escucha de la Palabra que la encarnó y la hizo vida. El color blanco con que la Iglesia se engalana en las celebraciones de este día irrumpe para invitar al pueblo de Dios a exaltar de gozo junto a María y cantar con ella la alabanza al ser concebida sin mancha del pecado. La lectura del evangelista Lucas narra cómo la disponibilidad de María desbordó la generosidad de su corazón, más allá de entender el proyecto de Dios en su vida se dispuso a vivir lo inesperado, lo que no entendía ¿cómo puede ser esto? El don de ser amada la llevó a correr riesgos, a sentir cómo la acción de Dios se manifiesta en su vida, así como se ha manifestado en tantos hombres y mujeres, sin importar si son demasiados jóvenes como ella o en la plenitud de los años como en Isabel, no ha sido este hecho imposibilidad para responder a la gracia. Los personajes que se implican en el relato de hoy son testimonio de respuesta al don del llamado. El ángel Gabriel hoy puede ser cualquiera de nosotros, quien sintiendo la responsabilidad del anuncio no calla y llega al corazón de quienes sin pensar escuchan y hacen vida la Palabra ¡Alégrate! María es la mujer joven que hizo posible los designios de Dios disponiendo su ser para la Encarnación del Verbo y lo hizo con prontitud, sin mayores reparos. José es la persona adulta que se abre con novedad al misterio y los misterios de Dios que desbordan su lógica, incluso la de su compromiso, de lo que le era posible entender; permanece abierto a la gracia y es guiado a través de los sueños, es el padre providente en quien las promesas mesiánicas, como descendiente de David, se veían cumplidas. Isabel es la mujer que en la plenitud de sus años nos enseña que para Dios no hay nada imposible.

 

Reflexionemos: Con qué disponibilidad de corazón me abro al misterio de Dios en mi vida, así como María, José e Isabel. ¿La llamada de Dios hoy a mí pasa por la lógica de la razón o por la novedad de Dios en mi vida?

 

Oremos: Padre bueno y Dios de la vida, que la gracia del anuncio del misterio que el ángel Gabriel hizo a María, disponga nuestro ser a la vivencia plena de nuestra vocación, según el designio de Dios Padre.

 

Actuemos: En el gozo de este día, mariano por excelencia, me encuentro un momento en el silencio, en la oración, en la celebración de este misterio de María en mi vida, y agradezco la forma como nuestra Madre y Maestra ha acompañado mi vocación, mi historia personal como historia de salvación.

 

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