06 de abril

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

Los amó hasta el extremo

(Juan 13, 1)

 

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

Con el sentido memorial de la Cena del Señor, hoy jueves Santo damos inicio al Triduo Pascual, que es el corazón del año litúrgico en el que recordamos el Misterio de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. En esta pericopa el evangelista Juan nos introduce en el último momento del ministerio público de Jesús,  para hacernos comprender la “hora” anunciada de su amor supremo: la hora de pasar de este mundo al Padre”. Amor donado hasta la cruz para liberarnos de la esclavitud del pecado, y el gesto del lavatorio de los pies signo bautismal, signo del amor fraterno y la humildad en el servicio. “Y sabiendo Jesús  que el Padre le había dado poder sobre todas las cosas y que habiendo venido de Dios a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto, y se puso una toalla alrededor de la cintura. En seguida echó agua en una palangana y empezó a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla”. Detengámonos en éste gesto y contemplemos cada una de las acciones de Jesús como preludio a su muerte; con lo cual Jesús nos confirma que su muerte es un acto de amor extremo y de servicio a la humanidad.

 

Reflexionemos: Si Dios que es el Señor y dador de vida, se pone de rodillas delante de cada ser humano para devolverle su dignidad; ¿quién soy yo para juzgar, condenar y humillar a un hermano simplemente porque he alcanzado un título profesional o un determinado cargo o responsabilidad social?

 

Oremos: Trinidad Santa, renueva mi amor para saber servir en libertad. Amén. 

 

Recordemos: Ustedes me llaman  Maestro y Señor, y con razón, pues lo soy. Por tanto, si yo, que soy su Señor y Maestro, les lavé los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros.                                                                      

    

Actuemos: Reconociendo mis límites y fragilidades seré más paciente en mi modo de acercarme a los demás.

 

Profundicemos: “Lavarse los pies unos a otros” es reconocer el amor que Dios nos tiene y que nos invita a servir con humildad a la persona que quizás sentimos más distante de nuestro corazón y se necesita restaurar esos lazos de fraternidad.

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