5 de abril

“Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado”  

(Jn 21, 1-14)

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

La aparición a los discípulos en el lago de Tiberíades se coloca después de los relatos de la aparición a María Magdalena y a los discípulos en Jerusalén, los así llamados relatos pospascuales. El contexto del lago de Tiberíades evoca la cotidianidad del mundo de los discípulos, su lugar habitual de trabajo y encuentro, y se coloca a modo de conclusión del Evangelio para mostrar la tarea de todos los discípulos. La pesca evoca el lugar de misión en la Iglesia universal y los nombres de los discípulos el don del llamado de todos indistintamente al discipulado.

De hecho, cada uno de ellos ha vivido diversas experiencias a través de los relatos del Evangelio que nos manifiestan la adhesión y el seguimiento desde diversas perspectivas. Pedro ha tenido un lugar privilegiado en la comunidad como testigo, Tomás es el apóstol de la fe probada, para quien la muerte del Maestro lo llevó a buscar evidencias de Jesús lejos o fuera de la comunidad. Natanael es el israelita de verdad que aparece al inicio del Evangelio y que ahora es presentado formando la comunidad de los discípulos. Los Zebedeos son conocidos por los Evangelios sinópticos, quienes nos hablan de ellos y sus acciones; y los dos discípulos de los que no conocemos el nombre son tal vez, el lugar de nuestro aquí y ahora, en el que también nos podemos sentir amados y llamados al seguimiento del Maestro.

La voz de Pedro de ir a la pesca evoca la fuerza de la comunidad en la tarea misionera, porque solo el discípulo que establece una profunda relación con su Maestro se puede sentir llamado a salir de sí mismo en comunidad. La adhesión de los discípulos a la voz de Pedro: “Vamos también nosotros contigo”, evoca la fuerza de la comunidad en la tarea misionera, ardua y difícil como la noche de pesca, pero esperanzadora como el amanecer junto al Maestro que dice “echen la red a la derecha”.

La fatiga de la noche puede agotar la esperanza del amanecer, sin embargo, solo quien lleva la certeza de su Maestro le reconoce y le comunica con la misma esperanza: “¡es el Señor!”.

 

Reflexionemos: La narración del Evangelio de hoy evoca tantas experiencias que reflejan nuestras pescas fatigantes en noche oscura, como Pedro. ¿Tengo confianza en echar la red de nuevo a la derecha?

 

Oremos: Jesús Maestro, Camino, Verdad y Vida, gracias por venir a la cotidianidad de mi lago, de mi pesca. Concédeme la gracia de reconocerte como Señor de mi vida, que no tenga miedo de echar de nuevo la red. Amén.

 

Actuemos: El lago de Tiberíades posibilita el encuentro, la diversidad y la complementariedad, me preguntó: ¿En mi vida, favorezco el encuentro con estos dones o lo evito?

 

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