4 de Junio

CAMINANDO CON JESÚS

 

Presentación

 

Después del tiempo pascual y la fiesta de Pentecostés iniciamos como Iglesia el Tiempo Ordinario. Tiempo que nos invita a profundizar la vida cotidiana de Jesús, su relación con el Padre, sus discípulos y el anuncio del Reino. El nombre “ordinario” no indica que sea un tiempo inferior o menos importante que los demás ciclos del año litúrgico, sino que remite al tiempo en el que transcurre la mayor parte de la vida corriente de Jesús y la nuestra. De allí, que abarque 34 semanas en las que estamos llamados a crecer en nuestra relación con Dios y a descubrir su presencia en la realidad que vivimos.

 

Renovados por la acción del Espíritu Santo aprovechemos este tiempo de encuentro con Jesús en nuestra vida diaria, para aprender a caminar con Él y retomar nuestra vida con mayor esperanza a la luz de su Palabra. Que este nuevo tiempo litúrgico, marcado por la crisis actual del coronavirus, en el que todavía estamos llamados a permanecer aislados, adoptar mayores medidas de prevención, cuidar responsablemente de nosotros mismos y de los demás, nos lleve a afianzar nuestra relación con Dios y a ser desde el lugar donde nos encontramos, sembradores de esperanza.

 

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mc 12, 31)

 

El evangelio de este día nos recuerda el mandamiento principal. El cual dentro de la tradición del Antiguo Testamento, contemplaba un amor exclusivo a Dios a través de la mente, el alma, el corazón sin hacer referencia al amor al prójimo. Jesús por medio de sus enseñanzas y sus acciones amplía dicho mandamiento mostrando que el amor que sentimos hacia Dios, llega a ser realmente auténtico, cuando se traduce en hechos concretos de bondad, generosidad y servicio hacia nuestros semejantes y también hacia nosotros mismos. La realidad de crisis y enfermedad actual que vivimos por causa del coronavirus, nos ha llevado cada vez más a reconocer en el otro, a un hermano en el cual podemos reconocer el rostro sufriente de Dios, amarlo y entregar lo mejor de nosotros mismos.

 

Reflexiona:

¿Reconoces en quienes te rodean la presencia de Dios?, ¿cómo puedes aprender a amar a Dios en los otros?

 

Ora:

Enséñanos, Señor, a reconocerte en el rostro de todos aquellos con quienes compartimos nuestra vida día a día. También en todas las personas que como nosotros hoy, sufren en el mundo entero por los efectos negativos de esta pandemia. Ayúdanos a ser como tú, luz para los demás desde nuestra cercanía y oración.

 

Profundiza:

El amor crece y madura desde las relaciones que vivimos en familia. Aprender a cultivarlo en casa nos ayudará a abrirnos con mayor libertad a la experiencia del amor gratuito de Dios (https://paulinas.org.co/libreriavirtual/para-vivir-en-el-amor/: Para vivir en el amor).

 

Recuerda:

La base del amor se construye en familia.

 

 

 

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