3 de Octubre

San Francisco de Borja, presbítero
Ne 8, 1-4a. 5-6. 7b-12 / Sal 18, 8-11/ Lc 10, 1-12. Feria. Verde.

“Descansará sobre ellos su paz”

En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos y los envió por delante, de dos en dos, a todo pueblo y lugar a donde estaba a punto de ir. Y les decía: “La cosecha es mucha, pero los trabajadores, pocos. Por eso, rueguen al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a su cosecha.¡Vayan! Miren que los envío como ovejas en medio de lobos. No lleven bolsa, ni morral, ni sandalias; a nadie saluden por el camino. Cuando entren en una casa, digan primero: ‘Paz a esta casa’; y si allí hay una persona de paz, la paz de ustedes reposará sobre ella; si no, volverá a ustedes. Quédense en la misma casa, coman y beban lo que les den, porque el trabajador merece su salario. No anden de casa en casa. Y si llegan a una ciudad y los reciben, coman de lo que les sirvan. Sanen a los enfermos que estén en ella y díganles: ‘El reino de Dios está al alcance de ustedes’. Pero, si entran en alguna ciudad y no los reciben, salgan a sus plazas y digan: ‘Hasta el polvo de su ciudad, que se nos ha pegado en los pies, lo sacudimos contra ustedes. Pero sepan esto: que el reino de Dios está al alcance’. Les digo que, en aquel día, será más soportable el castigo para Sodoma que para aquella ciudad”.

El avance de la ciencia hizo que se pusieran en duda muchas cosas de la fe; los cambios culturales hicieron que la gente ande preocupada por otros valores que aquellos predicados por el evangelio. Hay muchas razones por las cuales Jesús es desconocido por muchas personas. Pero ya no podemos pensar en imponer la fe. Desde hace mucho tiempo, pensadores cristianos como Tertuliano (160-220 d.C.) dijeron a la Iglesia que la fe necesita una persona libre, que la religión no se impone por la fuerza. Pero eso no significa que ahora los creyentes, por un equivocado concepto de respeto, debamos permanecer, en palabras del profeta Isaías (56, 10), como “perros mudos” ante una cultura que no conoce a Cristo. Estamos invitados a presentarnos al mundo con sencillez pero con coraje, anunciando la riqueza de la fe, mostrando su pertinencia, sembrando la paz.

¿Estamos dispuestos a ayudar al Señor con su cosecha?