28 de Marzo

“Los amó hasta el extremo”

(Jn 13, 1-15)

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

¡Es Jueves santo! Día grandioso que actualiza para nosotros la última cena vivida por Jesús con sus discípulos. Sabiendo que había llegado su hora de volver al Padre y conociendo la fragilidad de sus amigos, en el colmo de su amor, Jesús instituyó el sacramento de la Eucaristía, en el que se nos dio como alimento para que pudiéramos amar y vivir como él.

En la última cena, narrada por san Juan, la institución de la Eucaristía es sustituida por el gesto amoroso y humilde del lavatorio de los pies a los discípulos por parte de Jesús, quien después de cenar, se levantó de la mesa, se quitó el manto, se ciñó con una toalla, se arrodilló delante de sus discípulos y lavó los pies de cada uno con amor entrañable.

Este gesto divino, que anticipó lo que acontecerá en el calvario, nos desveló el amor extremo de Dios por nosotros; y marcó para siempre el estilo de vida de la comunidad cristiana: el amor recíproco que nos hace siervos los unos de los otros.  Este fue también el único mandamiento que Jesús dejó: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado”. Jesús seguirá siendo el Dios que sirve y se pierde a sí mismo para dar a todos su vida divina” a través de nosotros.

Que en la celebración litúrgica de hoy seamos sanados del desamor y renazcamos sintiéndonos hermanos de todos, dispuestos a donar nuestra vida solo por amor.

 

Reflexionemos: ¿Alcanzas a percibir el amor entrañable de Dios por ti? ¿Qué valor tiene para ti la Eucaristía, sacramento del amor y de la comunión? La participación en la Eucaristía ¿tiene alguna repercusión en la concretes de tu vida?, ¿cuál?                                                      

 

Oremos: Gracias Jesús, por el don inefable de la Eucaristía, escuela donde aprendemos a amar y a dar la vida como tú; ayúdanos a participar con fe viva en este divino sacramento, para que puedas prolongar en nosotros tu entrega de amor. Amén.

 

Actuemos: Me preparo a la Eucaristía y a la comunión, pidiendo a la virgen María me contagie su fe, su humildad y su amor al Señor. 

 

Recordemos: “Pues si yo, el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros: les he dado el ejemplo para que lo que hecho con ustedes, ustedes también lo hagan”.

 

Profundicemos: “Así fue la despedida de Jesús, que quedó grabada para siempre en las comunidades cristianas. Sus seguidores no quedarán huérfanos; la comunión con él no quedará rota por su muerte; se mantendrá hasta que un día beban todos juntos la copa de ‘vino nuevo’ en el reino de Dios” (Antonio Pagola).

 

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