28 de Diciembre

 

Es Raquel que llora a sus hijos y no quiere ser consolada, porque ya no están (Mt 2, 18)

 

Hoy celebramos la fiesta de los Santos Inocentes. Fiesta que nos lleva a percibir la realidad de persecución que vivió la Sagrada Familia por parte del rey Herodes. Realidad cercana a la de tantas familias hoy, que por la violencia o las injusticias se ven obligadas abandonar sus hogares, las pocas seguridades que tienen para emigrar a otros lugares y salvar sus vidas. Gracias a la advertencia del ángel, José logró huir a Egipto con María y el niño, y permanecer allí hasta la muerte del rey Herodes. Suerte que no corrieron los niños menores de dos años de Belén y sus alrededores, que por la intriga de Herodes fueron asesinados. Realidad de sufrimiento que lleva al evangelista Mateo a escudriñar en la historia de su pueblo y ver en este acontecimiento, el cumplimiento de la profecía de Jeremías: “Se oyó una voz en Ramá. Un llanto y un gran lamento. Es Raquel que llora a sus hijos y no quiere ser consolada, porque ya no están”. Como Raquel, la esposa del patriarca Jacob, muchas madres lloran hoy por la pérdida de sus hijos. Entremos en comunión con ellas en este día y pidamos a Dios que las fortalezca y consuele.

 

Reflexionemos:

¿Qué sufrimientos han marcado nuestra vida?, ¿cómo podemos entrar en comunión con todos aquellos que han perdido a sus seres queridos de manera violenta?

 

Oremos:

Acoge en este día, Señor, el sufrimiento de tantas madres que han perdido  a sus hijos de manera violenta. Ayúdalas a experimentar que pese al dolor de su partida, ellos siguen vivos en sus recuerdos e intercediendo por cada uno de sus familiares desde el cielo. Amén.

Recordemos:

La muerte es nuestro nacimiento a la eternidad en Dios.

 

Actuemos:

Oremos en este día por nuestros seres queridos que en este último año, han partido a la casa del Padre.

 

Profundicemos:

La muerte es una realidad que llega muchas veces de manera imprevista a nuestra vida dejando una gran huella de dolor y sufrimiento. Saber afrontarla, nos ayudará a vivirla de la mejor manera y descubrir en ella, el paso de Dios por nuestras vidas. (Libro: Resurgir tras la muerte de un hijo).

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