27 de Diciembre

SAN JUAN, APÓSTOL Y EVANGELISTA
1Jn 1, 1-4 / Sal 96, 1-2. 5-6. 11-12 / Jn 20, 2-8.
Propio de la Fiesta. Blanco.

El otro discípulo corría más que Pedro
y llegó primero al sepulcro

El primer día de la semana, María Magdalena corre entonces y va a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, aquel al que Jesús amaba, y les dice: “Se llevaron del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo pusieron”. Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más rápido que Pedro y llegó primero al sepulcro. Asomándose al sepulcro, ve las vendas de lino por el suelo, pero no entró. Llega Simón Pedro, que lo seguía, y entró al sepulcro. Ve las vendas de lino por el suelo, y el sudario que le había cubierto la cabeza, pero no estaba en el suelo con las vendas, sino doblado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero, y vio y creyó.

La oración litúrgica de la Iglesia nos presenta al evangelista de la encarnación: san Juan, quien escribe la frase magistral de su evangelio: “El Verbo se hizo carne y puso su morada entre nosotros”. Pero ese Verbo, que tomó la fragilidad de la carne, el mismo san Juan lo experimentó resucitado. Toda su historia, desde su preexistencia en el seno del Padre, cuando estaba junto a Dios, pasando luego a su nacimiento y terminando en la resurrección después de la cruz, toda esa historia de salvación, san Juan la cuenta maravillosamente para nosotros, para que creamos que Jesús de Nazaret es el esplendor de la gloria del Padre. Para que, como María Magdalena, el amor nos mueva a buscar, a madrugar para recibir la luz que nace de lo alto.

¿Qué conocimiento tenemos del evangelio de Juan?