27 de Febrero

“De lo que rebosa el corazón habla la boca”

(Lucas 6, 39-45)

En el evangelio de hoy podemos vislumbrar hacia donde  apunta la formación del discípulo. Lo dice Jesús: “Todo el que esté bien formado será como su maestro” (6,40b). Es decir: tratará de vivir  las mismas actitudes del Maestro; y así podrá ser formador de otros.

El aprendizaje de estas actitudes es para todos un proceso gradual y muy lento. Por eso el discípulo se deja guiar por Jesús para poder ayudar a otros. Con la imagen del “ciego” Jesús nos indica este estado de aprendizaje; pues hasta que no seamos iluminados a fondo por los criterios de Jesús seremos como ciegos que necesitan el apoyo de otros.

Por ello, el discípulo que está caminando con Jesús ha de considerarse todavía a sí mismo como un ciego, y no debe emitir juicios sobre los demás porque a él mismo le falta todavía mucho trecho en el camino de la conversión.

Reflexionemos:

Preguntémonos: ¿Soy consciente de las cegueras que todavía me invaden? ¿En qué estoy viviendo un camino de conversión real y concreto?  Señor no me dejes ser juez de los demás. 

Oremos:

Maestro bueno,  santifica mi mente con tus criterios y juicios; y  ayúdame a vivir en continua conversión para poder guiar a otros en tu camino. Amén

Recordemos:

¿Por qué te fijas en la astillita que hay en el ojo de tu hermano, y no adviertes la viga que tienes en tu propio ojo?

Actuemos:

Todos los días haré mi examen de conciencia para permanecer en proceso de conversión continua.

Profundicemos:

Si eres formador de un grupo recuerda que el punto de referencia es Jesús mismo: “No es el discípulo más que el maestro”. Antes de emprender un proyecto, asegúrate de tener la visión de Jesús, no sólo la tuya porque “¿Podrá un ciego guiar a otro ciego?”  Y procura formarte bien y estar adelantado en lo que propones vivir a los demás, si no “caerán los dos en el mismo hoyo”.

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