26 de abril

“Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida” 

(Jn 14, 1-6)

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

Hoy, La lectura del Evangelista San Juan, nos presenta otra de las auto revelaciones de Jesús: “Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida”. Esta experiencia de Jesús a sus discípulos acontece en un contexto de despedida y en la estructura del Evangelio se da entre la última cena de Jesús con sus discípulos y la despedida, por tanto, entendemos el porqué de la pregunta que hacen los discípulos, pues en este ambiente no es claro y no se entiende el mensaje.

Si bien la cena, la despedida y el anuncio de la traición va preparando el corazón de los apóstoles, las palabras de Jesús crean más confusión: “No se turbe su corazón, crean”, naturalmente la despedida ya causaba la sensación de partida y vacío, pero se volvía más confusa cuando afirma: “en la casa de mi Padre hay muchas moradas (…) voy a prepararles un lugar”. Todo el ambiente emocional, estrechó aún más, el vínculo, pero despertó la sensación de orfandad, que de nuevo llevó a Jesús a afirmar: “cuando vaya y les prepare un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde este yo estén también ustedes”.

En medio de esta turbación del corazón, Tomás, el apóstol incrédulo, le pregunta: “Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? En este contexto Jesús de nuevo revela a sus discípulos su identidad, de ahí, esta experiencia de identidad vincula de manera directa a la persona de Jesús con la identidad de su Padre: “Nadie va al Padre sino por mí”. Las autorevelaciones de Jesús que hemos escuchado han permitido al oyente conocer al Maestro a través de experiencias cotidianas y cercanas de su vida habitual, sin embargo, esta autorevelación, que tiene como destinatarios a los apóstoles, los vincula de manera directa con Jesús, con su discipulado, su vida y misión.

 

Reflexionemos: Si Jesús se presenta hoy como el Camino, la Verdad y la Vida, ya conocemos el camino que Él ha vivido, por tanto, el camino del discípulo no será diverso del misterio de la cruz que vivió el Maestro. Jesús Maestro, hablas al corazón que se turba y se inquieta y a la vez, infundes esperanza porque me señalas el camino para llegar al Padre, tú eres el camino.

 

Oremos: “Jesús Verdad, que yo sea luz del mundo. Jesús, Camino entre el Padre y nosotros, todo lo ofrezco y todo lo espero de ti. Jesús Vida, vive en mí, para que yo viva en ti” (Beato Santiago Alberione).

 

Actuemos: ¿Qué tan dispuesto estoy para recorrer el camino de Jesús, si la experiencia de este camino es la cruz que lo llevó al Padre?

 

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