20 de Marzo

Santa Claudia
Jr 18, 18-20 / Sal 30, 5-6. 14-16 / Mt 20, 17-28. Feria. Morado.

“Lo condenarán a muerte”

En aquel tiempo, cuando Jesús subía hacia Jerusalén, tomó aparte a los Doce y les dijo por el camino: “Miren, estamos subiendo a Jerusalén y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de Él, lo azoten y lo crucifiquen. Y resucitará al tercer día”. Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo, junto con sus hijos, y se postró para hacerle una petición. Él le dijo: “¿Qué quieres?”. Ella le dijo: “Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Pero Jesús respondió: “No saben lo que piden. ¿Son capaces de beber la copa que yo estoy a punto de beber?”. Ellos le contestaron: “Somos capaces”. Jesús dijo: “Por una parte, beberán mi copa, pero, por otra, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no lo concedo yo, sino que es para los que mi Padre tiene preparado”. Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó junto a sí y les dijo: “Ustedes saben que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las someten con su poder. No será así entre ustedes, sino que quien quiera llegar a ser grande entre ustedes, será servidor de ustedes. Y el que quiera ser primero entre ustedes, será esclavo de ustedes, así como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos”.

Jesús no era ingenuo frente a la situación social del momento que le tocó vivir: el Imperio Romano exigía unos impuestos altos a los países dominados, la situación de la gente sencilla era dura por la cantidad de tributos que tenían que pagar. Para colmo de males, los discípulos están buscando poder, y hasta la mamá de Juan y Santiago acolita la ambición de sus dos hijos. Aunque eran pescadores sencillos, tenían en el corazón la misma codicia que los invasores romanos. Jesús quiere un cambio profundo de la sociedad que pasa por comprender la vida como servicio, como don, no como control y mucho menos explotación de los demás. Ese proyecto le costará la muerte, como le costó la persecución a Jeremías, y como le cuesta el desprestigio, la amenaza y también la muerte a muchos cristianos hoy en América Latina.

¿Conocemos la vida de algunos cristianos perseguidos y calumniados de nuestro tiempo?