2 de Agosto

CAMINANDO CON JESÚS

 

Presentación

 

Después del tiempo pascual y la fiesta de Pentecostés iniciamos como Iglesia el Tiempo Ordinario. Tiempo que nos invita a profundizar la vida cotidiana de Jesús, su relación con el Padre, sus discípulos y el anuncio del Reino. El nombre “ordinario” no indica que sea un tiempo inferior o menos importante que los demás ciclos del año litúrgico, sino que remite al tiempo en el que transcurre la mayor parte de la vida corriente de Jesús y la nuestra. De allí, que abarque 34 semanas en las que estamos llamados a crecer en nuestra relación con Dios y a descubrir su presencia en la realidad que vivimos.

 

Renovados por la acción del Espíritu Santo aprovechemos este tiempo de encuentro con Jesús en nuestra vida diaria, para aprender a caminar con Él y retomar nuestra vida con mayor esperanza a la luz de su Palabra. Que este nuevo tiempo litúrgico, marcado por la crisis actual del coronavirus, en el que todavía estamos llamados a permanecer aislados, adoptar mayores medidas de prevención, cuidar responsablemente de nosotros mismos y de los demás, nos lleve a afianzar nuestra relación con Dios y a ser desde el lugar donde nos encontramos, sembradores de esperanza.

 

No tienen necesidad de irse, denles ustedes de comer (Mt 14, 16)

 

Las palabras que Jesús dirige en este día a sus discípulos son un eco de la actitud que la circunstancia actual que vivimos reclama de cada uno de nosotros. Como los discípulos podemos caer en la tentación de hacernos sordos frente a las necesidades de todos aquellos que por su condición de fragilidad o pobreza sufren más fuertemente los efectos negativos de esta pandemia. Tal vez no podamos contar con muchos recursos económicos, pero si desde nuestras posibilidades podemos solidarizarnos con ellos a través de nuestra escucha, apoyo, cercanía, oración y demás aportes que a bien podamos darles. Jesús como en el evangelio multiplicará  nuestros “cinco panes y dos peces” y hará de ellos un signo de bendición para los demás. Pidamos al Señor, en este día un corazón generoso capaz de ayudar y compadecerse por el dolor de tantas personas que sufren porque no tienen como continuar viviendo este tiempo de aislamiento sin lo mínimo necesario para resguardarse en sus hogares.

 

Reflexionemos:

¿Cuáles son nuestros cinco panes y nuestros dos peces que durante este tiempo podemos compartir con los demás?, ¿qué iniciativas personales o familiares podemos adoptar para ayudar a aquellos familiares, amigos o vecinos que pasan necesidad?

 

Oremos:

Danos, Señor, un corazón generoso capaz de compartir con alegría y sencillez aquello que tenemos con los demás. Un corazón capaz de desprenderse del tiempo, la comodidad, la indiferencia para salir creativamente al encuentro de los otros a través de la escucha, el diálogo, el apoyo y la comprensión. Amén.

 

Profundicemos:

El encuentro cotidiano con Jesús a través de la oración y la Eucaristía nos permite vivir en un continuo dinamismo de ofrecimiento y entrega cotidiana. Eucaristía, pan para la vida de muchos nos ayuda a profundizar mucho más el sentido que acompaña esta  experiencia (https://paulinas.org.co/libreriavirtual/eucaristia-pan-para-la-vida-del-mundo/: Eucaristía, pan para la vida del mundo).

 

Recordemos:

Siempre tenemos algo valioso que compartir y dar a los demás.

 

 

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