14 de Noviembre

San José Pignatelli, presbítero
Tt 3, 1-7 / Sal 22, 1-6 / Lc 17, 11-19. Feria. Verde.

“¿No ha vuelto más que este extranjero
para dar gloria a Dios?”

Mientras iba de camino a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar a una ciudad, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se detuvieron a cierta distancia y a gritos le decían: “¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!”. Jesús al verlos les dijo: “¡Vayan a presentarse a los sacerdotes!”. Y, mientras iban de camino, quedaron purificados de su lepra. Uno de ellos, al ver que había quedado sano, volvió alabando a Dios a grandes voces y le dio gracias a Jesús postrándose ante Él. Este hombre era un samaritano. Jesús preguntó: “¿No eran diez los que quedaron purificados? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?”. Después le dijo: “¡Levántate! Te puedes ir; tu fe te ha salvado”.

Los diez leprosos son una comunidad heterogénea; judíos y por lo menos un samaritano, conviven juntos. El desprecio de la sociedad frente a su enfermedad los unió, les exigía dejar el habitual prejuicio y odio; el rechazo compartido les movía a superar el racismo. El Señor tuvo compasión de ellos y los curó. Les instruyó a presentarse a los sacerdotes quienes, según la ley, verificarían la sanación y les darían de alta para regresar a sus familias. Todos se alejaron, salvo uno, un samaritano, quien regresó a Jesús para alabar a Dios. Se había borrado el motivo de la solidaridad del grupo. El samaritano no podía ir a Jerusalén con los demás para alabar a Dios, para ofrecer sacrificio y recibir el diagnóstico del sacerdote. San Lucas narra que se postró a los pies de Jesús, acción y disposición que significa que para él, Jesús es el nuevo templo, el mediador entre Dios y los humanos, el intérprete de la ley, la presencia de Dios en la humanidad. Y todos –samaritanos, pecadores, extranjeros, paganos– tenemos acceso a Jesús para recibir la misericordia y compasión divinas. Su invitación a la salvación no se limita a una nación, una religión o una raza. Todos le debemos las gracias por la salvación que de Él hemos recibido.

Señor, danos el don de la gratitud para que reconozcamos en todo, tu misericordia y tu bondad. No permitas que nos acostumbremos a todo lo que nos rodea como si fuera un derecho y una obligación.