14 de Mayo

SAN MATÍAS, APÓSTOL
Hch 1, 15-17. 20-26 / Sal 112, 1-8 / Jn 15, 9-17.
Propio de la Fiesta. Rojo.

“No son ustedes los que me han elegido,
soy yo quien los he elegido”

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Como el Padre me amó, así también los amé yo a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor; lo mismo que yo he cumplido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho estas cosas para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea completa”. Mi mandamiento es este: que se amen los unos a los otros como yo los amé. Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. A ustedes ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo. A ustedes los he llamado amigos, porque les di a conocer todo lo que escuché de mi Padre. No me eligieron ustedes a mí, fui yo quien los elegí a ustedes y los destiné para que vayan y den fruto, y su fruto permanezca; para que todo lo que pidan al Padre en mi nombre Él se lo conceda. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros”.

¿Qué es lo que caracteriza a un apóstol? Sin lugar a equivocación, esta pregunta la podríamos transformar en esta otra: ¿Qué debería caracterizar a un obispo hoy? Del evangelio podemos sacar, entre otros, este rasgo: haberse convertido en amigo de Jesús por la obediencia a su mandamiento: el amor. Más que la formación canónica y teológica que le es indispensable, junto con cierta madurez humana, el obispo necesita ante todo ser profundamente un hombre de Dios. Las grandes religiones tradicionales, con una fuerte institucionalización, están en descrédito. Por eso necesitamos orar mucho por nuestros obispos, para que en estos tiempos de incredulidad institucional, el Señor les dé estos dones que son los únicos que hacen creíble su predicación.

¿Qué hacemos para que en la Iglesia las cosas mejoren y avancen, para que haya más fidelidad al Evangelio?