13 de Septiembre

San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia
1 Tm 1, 1-2. 12-14 / Sal 15, 1-2a. 5. 7-8. 11/ Lc 6, 39-42.
Propio de la MO. Blanco.

“¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?”

En aquel tiempo, Jesús les dijo también una parábola: “¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán juntos en un hoyo? Un discípulo no está por encima de su maestro, pero todo discípulo bien preparado será como su maestro. ¿Por qué miras la astilla que tiene tu hermano en su ojo y no te das cuenta de la viga que tienes en el tuyo? ¿Cómo podrías decirle a tu hermano: ‘Hermano, déjame sacarte la astilla que tienes en el ojo’, mientras no ves la viga que hay en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano”.

Solo quien ha vivido puede hablar; solo quien se ha corregido puede ayudar a cambiar a los demás; solo puede ser maestro quien ha hecho primero la tarea; solo quien ha salido de la oscuridad y se ha atrevido a caminar por la luz puede estar en condiciones de dar una orientación a los que están en la oscuridad. Esta verdad fundamental es desafiante, porque hay muchos que creen que su compromiso no es esencial y que bastan sus palabras. Uno no enseña sino lo que uno es, y no lo que uno sabe. Si un guía está ciego no hace otra cosa sino llevar al precipicio a sus discípulos. En la fe lo que mejor convence es el ejemplo, la alegría contagiosa de los que se han convertido a Jesús y conocen el gozo del evangelio.

¿Hay en nuestra vida cosas de las que hablamos, pero que en realidad no vivimos?