12 de diciembre

“Dichosa tú, que has creído”

(Lc 1, 39-48)

La liturgia de este día vuelve a colocarnos en esa experiencia de espera junto a María, en la celebración de la Bienaventurada Virgen María de Guadalupe, patrona de América. María es la mujer de la espera confiada, silenciosa y pronta a la acción de Dios, en ella se realiza el misterio de la Encarnación y su vida misma es la señal en la pintura de la dalmática que hoy podemos contemplar: “Miren: la virgen está encinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa ‘Dios con nosotros’ ” (Is 7, 14).

El texto de Lucas que hoy escuchamos en la proclamación del Evangelio es continuidad del que hemos escuchado en la fiesta de la Inmaculada Concepción, y precisamente después del anuncio del ángel Gabriel, María no se queda absorta contemplándose sobre sí misma, el embarazo no será impedimento para salir de prisa a atender a su prima Isabel, para quien considerada su edad no será un embarazo fácil. Y esta actitud de salir de sí misma es la que provoca el encuentro, el gozo de compartir en comunión el mundo que cada una de ellas viven en torno a esta experiencia de la vida que nace dentro y es de alegría. El reconocimiento de cada una frente a la otra las hace complementarias en la distancia generacional, pero a la vez mujeres activas en la historia de salvación porque cada una de ellas porta en su vientre a quien proclama y a quien realiza las promesas mesiánicas.

El canto de María es una alabanza que la une a la acción de gracias de todas las mujeres en la historia de salvación de su pueblo, este también ha sido el canto de Ana y de Miriam, quienes en el Antiguo Testamento vivieron y contemplaron la acción de Dios en sus vidas y la realización de sus promesas.

 

Reflexionemos: Hay realidades de la vida y la dinámica humana que transforman las condiciones de las personas, cuando las vivo, ¿las percibo como un problema o son una oportunidad para salir de mí mismo y donarme en la entrega y el servicio? 

 

Oremos: Padre bueno y Dios de la vida, que las realidades personales y familiares que vivo me despierten a la novedad de la vida, que la ame, la defienda y aún más cuando ella se está gestando, que para cuidarla y protegerla salga de prisa y la vida misma sea gozo.

 

Actuemos: ¿Qué realidad personal, familiar, social, laboral me hace salir de mí mismo y me invita a salir de prisa?

 

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