10 de Julio

“Se conmovió, se acercó, le lavó las heridas con aceite y vino y se las vendó”

(Lc 10, 34)

 

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

Muchas veces en nuestro camino de fe nos preguntamos qué podemos hacer para alcanzar la gracia y el favor de Dios; y una de las respuestas que encontramos se reduce al cumplimiento de ciertas prácticas religiosas. Sin embargo, Jesús hoy a través de la parábola del buen samaritano, nos enseña que nuestra relación con Dios no se mide solo a partir de los momentos de oración que le dedicamos, sino especialmente en la relación que construimos cada día con quienes nos rodena. Es decir, que solo en la medida en que seamos capaces de acercarnos al sufrimiento de nuestros hermanos, bajarnos de nuestras comodidades como el buen samaritano y comprometernos con ellos, podremos unir nuestra vida más a Dios y alcanzar la vida eterna. Pidamos al Señor, en este día la gracia de aprender a ver en quienes nos rodean, el rostro vivo de Dios que necesita de nuestro apoyo y consuelo.

 

Reflexionemos: ¿Somos capaces de reconocer en nuestros hermanos el rostro de Dios?, ¿qué actitudes del buen samaritano necesitamos llevar a nuestra existencia?

 

Oremos: Danos, Señor, un corazón generoso que no pase de largo ante los dolores y las dificultades de quienes nos rodean. Un corazón misericordioso, capaz de comprometerse e involucrarse con la vida del otro. Amén. 

 

Recordemos: Podemos vivir los gestos de acogida y sanación del buen samaritano, desde las relaciones que construimos en familia y en nuestros ambientes de trabajo.

 

Actuemos: Tengamos en este día para alguna persona que sufra o pase dificultades, los gestos de acogida, sanación y compromiso del buen samaritano.

 

Profundicemos: Ser buenos samaritanos de los demás, implica ante todo aprender a reconocer lo bueno que ellos tienen para ofrecernos (Libro: 366 pensamientos para tus relaciones humanas).

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

¿Requiere asesoria? Activar chat