1 de Diciembre

1.º Domingo de Adviento
Is 2, 1-5 / Sal 121, 1-2. 4-9 / Rm 13, 11-14a / Mt 24, 37-44.
Propio, salterio de la 1.ª semana. Morado.

“Estén en vela para estar preparados”

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Pues así como era en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. En efecto, así como en los días anteriores al diluvio comían y bebían, y los hombres y las mujeres se casaban, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no se dieron cuenta, hasta que llegó el diluvio y se los llevó a todos, así será la venida del Hijo del hombre. Entonces, de dos hombres que estén en el campo, uno será tomado y el otro será dejado. Y de dos mujeres que estén moliendo en el molino, una será tomada y la otra será dejada. Por tanto, estén despiertos, porque no saben qué día vendrá su Señor. Sepan esto: si el dueño de la casa supiera a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría despierto y no permitiría que abriera un boquete en su casa. Por eso, también ustedes estén preparados, porque el Hijo del hombre viene a la hora menos pensada”.

El evangelio de hoy tiene expresiones que nos permiten entender claramente el espíritu del Adviento que comenzamos hoy: “Estén vigilantes”; “Estén preparados”. Y todo para esperar al Señor que viene. En Navidad, en la noche entre el veinticuatro y veinticinco de diciembre, celebraremos el misterio de la Encarnación: el Hijo de Dios compartiendo nuestra vida, las vicisitudes de nuestra historia. Pero la segunda venida de Jesús es el anuncio del triunfo definitivo de Jesús. Todo lo que Dios quiere para la creación y para cada persona, Él mismo vendrá a realizarlo con poder y gloria. Estar preparado es tomar conciencia que la historia marcha hacia ese final. Por eso no hay que dormirse comiendo y bebiendo.

¿Vivimos atemorizados ante la venida de Dios o más bien nuestra preparación y vigilancia
en la fe nos invitan a gritar: “¡Ven, Señor Jesús!?”.