2 de Abril

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 26, 14 – 27, 66

 

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

¿Qué quieren darme? Y yo les entrego a Jesús.

Cuando nos apegamos a aquello que podemos poseer o, a los bienes materiales, ponemos un velo a los ojos del alma y no percibimos la presencia amorosa de Dios que camina a nuestro lado. Esto, le pasó a Judas, que seducido por otros intereses puso a prueba a su Maestro. Lo traicionó, vendiéndolo por unas cuantas monedas. Jesús permaneciendo fiel al proyecto de Dios Padre, no evade su misión; sino que en la noche de la pascua, en la fiesta de la liberación como gesto de amor se sienta con sus discípulos a la mesa, abre su corazón y expresa el dolor de verse traicionado por un amigo: “Yo les aseguro: uno de ustedes me va a traicionar” Todos se interrogan reconociendo a Jesús como el Señor, mientras que Judas lo llama Rabí. Y Jesús prosigue con el gesto propio de la Pascua, bendice los alimentos, pero esta vez le da un nuevo significado: es su cuerpo partido, compartido,  y su sangre entregado y derramada por todos a través de la cual se establece la nueva alianza. De la cual hoy nosotros nos alimentamos, cada vez que participamos en el sacramento de la Eucaristía, nos alimentamos de su propia vida. Terminada la cena Jesús se dirige con algunos de sus discípulos al monte Getsemaní, permaneciendo en esa actitud constante de oración, porque su fuerza está ahí, en la confianza en Dios Padre, de quien le viene todo poder y quien será glorificado en su entrega. 

 

Reflexionemos: El silencio, la oración, la fidelidad, el perdón y el abandono en las manos de Dios Padre. Son manifestaciones del amor auténtico que el Señor nos tiene. ¿Se perdonar de corazón a  quien me ha ofendido?

 

Oremos: Señor, concédenos fidelidad en el amor para cumplir el proyecto que Dios nos ha confiado. Amén. 

 

Recordemos:

“Uno de ustedes me va a traicionar”

 Padre mío, si es posible, ojalá no tenga yo que pasar este trago amargo. Sin embargo, que sea no como yo quiero sino como quieres tú”.

 

Actuemos: Seré agradecida cada vez que contemple la cruz, descubriendo que Dios purifica mi amor y me salva cuando vivo momentos de oscuridad y dolor.

 

Profundicemos: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Benedicto XV).

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