5 de marzo del 2025

“Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”

(Mt 6, 1-6.16-18)

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

Tenemos la gracia de iniciar el ritmo del tiempo litúrgico propio de la Cuaresma. Cuarenta días que nos conducirán a las grandes celebraciones del triduo pascual. El signo que nos devuelve a este itinerario es la ceniza, sin embargo, este evoca realidades más profundas que narradas por el evangelista Mateo, nos devuelven a la esencia de la vida cristiana en lo más genuino de su modo de ser, vivir y actuar. La primera actitud, la limosna que coloca la práctica de vida cristiana en el dinamismo de la solidaridad, nos hace salir de nosotros mismos para ir al encuentro de los otros, de sus realidades, no solo materiales sino también emocionales, existenciales, espirituales, psicológicas. La limosna es una experiencia que acontece en el corazón de las personas sin hacer ruido, silenciosa y fecunda, que coopera con el don creador y recreador del Padre y da vida. La segunda actitud, es la oración, la experiencia del encuentro con Dios Padre, con lo trascedente que nos devuelve al misterio de la eternidad, al don de la Resurrección que cantaremos todos la noche de Pascua. No se trata de una oración intimista, pero si es preciso vivir la oración que cultive el silencio y la intimidad, que favorezca la capacidad de discernimiento y madurez espiritual. La tercera actitud, es el ayuno que pone a la persona en relación consigo misma.  Lastimosamente, nuestra sociedad  actual caracterizada por el demasiado cuidado de sí mismo, busca el bienestar personal porque se la ha olvidado la esencia de la vida cristiana, que devuelve la mirada hacia los otros, porque el pan de la mesa no es para saciarse a sí mismo, sino para compartirlo en la mesa de la fraternidad.

 

Reflexionemos: Tres son las prácticas cuaresmales que estamos llamados a cultivar en este tiempo: la limosna expresión de solidaridad, la oración don de encuentro con Dios y el ayuno, que conduce a la persona al equilibrio. ¿Cuál de ellas voy a vivir con mayor intensidad este tiempo cuaresmal y cómo las voy a hacer expresión de vida en mi realidad?

 

Oremos: Santísima Trinidad, concédeme la gracia de vivir de manera auténtica la espiritualidad de la Cuaresma, especialmente a través de la limosna, la oración y el ayuno. Permíteme llegar al gozo de la Resurrección, siendo luz con estos gestos de amor, entrega, servicio y solidaridad. Amén.

 

Actuemos: ¿Qué propósito puedo emprender al inicio de la Cuaresma para vivirla en actitud de esperanza desde la iluminación de la Palabra, según la invitación al ayuno, la limosna y la oración?

 

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